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Registro: 31-mar-2014 1:53 UTC
Título: Sing with me
Código de registro: 1403310456465
Autor: Samantha Conde Carrillo
© 2014 Sing with me
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Epílogo- Sing with me
EPÍLOGO
Tal y como Nahyra lo había dicho, no urgía un compromiso a los 18 años, pero en cuanto cumplieron 24 ambos decidieron hacer la boda.
Tal y como Nahyra lo había dicho, no urgía un compromiso a los 18 años, pero en cuanto cumplieron 24 ambos decidieron hacer la boda.
Dariel no tuvo que dejar el
trono puesto que años después se supo que Antoni y la princesa Katherine se
veían en secreto y obviamente, sostenían un romance que terminó convirtiéndose
en un par de gemelas.
Los padres de Nay estaban
felices por la decisión de su hija, mientras que el rey, con el paso del
tiempo, se acostumbró a la presencia de Nahyra Venturi en los rincones del
palacio. No era una chica mala, ella era lo mejor que le pudo haber pasado a su
hijo y bueno, él lo había visto así desde un principio, pero no se atrevió
jamás a decírselo al príncipe.
Becka puso su propia
librería que después fue conocida en toda Kouba hasta ser nombrada
distribuidora oficial de los libros del castillo. Ella suministraba cada libro
nuevo al palacio real.
Y por si quedaba duda, Gema
si fue al palacio y recibió de manos de Dariel un ejemplar de Blanca nieves y
los siete enanos y un par de cosas alusivas que adquirió en sus compras locas
para ayudar a Nahyra.
Capítulo 6: "Cásate conmigo"- Sing with me
CÁSATE CONMIGO
Pasaron meses para que Dariel y Nahyra pudieran volver a hablar, no porque no quisieran. Porque de ser así nunca se habrían peleado en primer lugar. Todo fue porque después de que ella se fuera del palacio su beca fue retirada y tuvo que regresar a su antigua casa y a su antigua escuela.
Pasaron meses para que Dariel y Nahyra pudieran volver a hablar, no porque no quisieran. Porque de ser así nunca se habrían peleado en primer lugar. Todo fue porque después de que ella se fuera del palacio su beca fue retirada y tuvo que regresar a su antigua casa y a su antigua escuela.
Todos
la recibieron con los brazos abiertos. Eso era lo positivo de estar con
personas de escasos recursos, porque ellos saben valorar lo poco que tienen.
Se
introdujo a su habitación y sus padres le llevaron la comida hasta su cama
pidiendo perdón por no haber ido a visitarla ni una sola vez cuando tuvo que
mudarse a otro lugar.
—Lo
siento mucho hija, pero es que estabas con tu novio y no creía oportuno llevar
a tu padre hasta tu casa sólo para encontrarnos con la sorpresa de que él vivía
contigo.
—Mamá,
él no es mi novio ni vivía conmigo. Deja de sacar conclusiones
precipitadas—exclamó Nay haciendo sentir incómoda a su madre.
—
¿Acaso terminaron? —su madre trataba de ser comprensiva, pero por más que se lo
explicara o lo entendería porque ella sólo quería verla feliz de nuevo.
—Algo
así ma, ahora no estoy de humor ¿podrías dejarme a solas por un momento?
—Por
supuesto—se llevó la charola plástica con todos los alimentos.
Nahyra
llevaba mucho tiempo sin comer algo,
sólo lo que le daban como almuerzo en el desayunador de la escuela y por lo que
ella sabía de las demás personas, los alimentos no eran muy buenos que digamos.
Realmente
toda la familia Venturi estaba preocupada por su hija y su rompimiento con ese
chico que se veía tan amable y cortés, pero era evidente que eso sucedería por
la diferencia de recursos económicos. No era como si de la nada un joven
millonario se fijaría en una chica pobre
como su hija, esas historias de cenicienta sólo suceden ahí, en las películas y
la televisión.
Así
pasaban los días para Nahyra yendo y viniendo de la escuela. Ya no se
presentaba al conservatorio de música e incluso sus canciones eran más
melancólicas que de costumbre, porque antes su melancolía no era real, ahora
todo lo podía transmitir de esa forma.
Para
Dariel las cosas no iban mejor, él intentó romper su compromiso con Katherine y
por eso se ganó un gran castigo y también el adelanto de la boda que en lugar
de ser dentro de medio año se había dicho que sería en un par de semanas.
Escapar
no había sido una opción viable por aquel incidente de la rama, pero por lo
menos era lo último que podría intentar para huir de su desafortunado destino.
Él quería estar con Venturi aunque ella no lo quisiera ver, pero la feria
gastronómica quizás fuera la mejor opción para poder generar un encuentro con
ella.
Nahyra
recibió la invitación para ir al palacio con su familia y disfrutar de los
diferentes platillos internacionales que se servirían. Aunque a ella no le
causaba mucho entusiasmo el regresar ahí, debía admitir que a sus padres les
había regresado la alegría en cuanto vieron el sobre del palacio.
«Querida familia perteneciente al
territorio de Kouba, se le hace una cordial invitación para asistir a la feria
internacional gastronómica de la cual seremos sede. Se servirán platillos de
todos los países invitados y el cupo y consumo son ilimitados.
Adjunto a este sobre se encuentra el
itinerario, gracias por su tiempo
Atentamente
La familia real de Kouba.»
Nahyra
rompió el sobre y entonces cayó la hoja gruesa marcada con el horario.
El
papel de esta tarjeta era demasiado fino como para dejarlo tirado sobre el
suelo, es más, lucía lo suficientemente hermoso como para ponerlo detrás de la
vitrina y todo estaba adjunto con la invitación.
De
hecho todo había sido tan formal que sólo faltaba que enviaran a su casa un
paquete con un traje para su papá y dos vestidos para ella y su madre.
—Deja
de admirar la carta Nahyra, dame el itinerario—exclamó su madre y ella se lo
pasó:
Todos se asomaron a ver el
reluciente papel satinado y entonces su mamá estalló en gritos de emoción.
—Por fin el rey ha pensado
en todos nosotros—exclamó aquella feliz señora que no paraba de dar saltos de
emoción y gritos alrededor de toda su casa.
Nahyra no quería estar en
ese evento porque seguramente iría más de la mitad de toda la población cercana
al palacio, además, estaba el hecho de que seguramente tendría que ver a sus
antiguos amigos del Special Art College incluyendo al príncipe Cosustta.
Muy a su pesar su familia
ya estaba haciendo los preparativos para el día del evento aunque aun faltara
un poco menos de la semana, además de que la tomaban en tiempo de vacaciones
también habían vacaciones para los empleados en ese día.
Todo en el palacio estaba
preparado. Dariel tenía su propio itinerario de eventos en los que sobresaltaba
con un marca textos la “hora de la verdad” ubicada exactamente después de su
presentación como parte del talento del Special Art College.
Sería el momento en el que
le anunciara a todo el pueblo de Kouba que renunciaba a la corona por el amor
de una plebeya, si ese era el único método para que su padre lo dejara estar
con Nahyra Venturi lo haría y al mismo tiempo esperaba que sus padre hubieran
recibido el itinerario correcto porque no todos recibieron el que terminaba a
la una de la madrugada. Él quería que su familia estuviera ahí para pedir la
mano de su hija cuando estuvieran en auge los fuegos artificiales.
La espera estaba matando a
ambos. El día decisivo se acercaba hasta que por fin quedaba un día más para
volverse a encontrar.
—Antoni, necesito que me
hagas un nuevo favor—llamó Dariel en su tiempo libre dentro del colegio.
—Dime Dariel ¿ahora qué
necesitas?
—Que dejes a Venturi en
paz, quiero pedirla en matrimonio, te ruego que la dejes—imploró esperando la
compasión de su amigo.
—Lo siento, yo la amo y
estoy seguro de que el sentimiento es mutuo, además, tú estás comprometido con
Kate—él había comenzado a ver a la verdadera Nahyra el día que la vio enfundada
en ese hermoso vestido dentro del palacio de su amigo o más bien de su rival.
—Antoni no lo hagas, voy a
renunciar al trono por ella—eso era lo último que podía decir porque sabía que
si él se lo proponía, conseguiría quedarse con Nay.
—Te dejaré el día del
evento, pero eso no va a evitar que esté en la feria—le hizo un guiño en símbolo
de reto y la pelea comenzó.
Dariel estaba determinado a
recuperar a Nahyra costara lo que costara, así tuviera que renunciar a todo su
dinero y mudarse con ella y sus padres lo haría, todo por estar a su lado. Sólo
faltaba que ella pensara de la misma forma en la que él lo hacía.
Y nada estaba más alejado
de la realidad porque Nay estaba seleccionando el peor vestido de los tres que
poseía en su armario.
Había uno rosa y esponjado,
otro azul entallado y provocador y un tercero en tonos verdes, uno normal que
no llamaría jamás la atención. Su madre le recogió el cabello en un chongo con
un hermoso tocado de flores amarillas e incluso su padre le compró las
zapatillas doradas que habían visto la última vez que fueron a pasear al centro
de la ciudad.
—Date prisa Nay porque se
hace tarde—llamó su padre mientras llamaba por teléfono a un taxi.
—Enseguida voy—se retocó el
lápiz labial y lo guardó en su pequeño bolso.
El viaje fue demasiado
incómodo porque no paraban de hablar sobre la familia real y la futura boda del
príncipe con la princesa Katherine de Farstenburg, era la noticia del momento y
por lo tanto no había forma alguna de evitar el tema.
El único pensamiento
egoísta que estaba en la mente de Nahyra era un “yo le di su primer beso” y eso
aligeraba un poco la noticia. Sólo que le hubiera gustado estar consciente en
el momento en el que todo sucedió.
Lo que a ella le interesaba
era ver a una cara conocida ahí dentro para no tener que ir con los alumnos del
SAC.
—Apellido—preguntó un
hombre de aspecto malvado cuando ellos se estacionaron enfrente de las puertas
del palacio.
—Venturi.
—Den vuelta a la derecha y
ahí está su estacionamiento.
A Nahyra le parecía en
extremo exagerado, estaba bien que invitaran a todo Kouba, ¿pero reservar un
lugar para cada familia?, eso era presumir sus alcances económicos al resto de
la población y alardear sobre el asunto de su posición social.
Se fueron directo al
estacionamiento y entonces se decidieron por entrar al evento. Ahí dentro
estaban varias personas yendo y viniendo de todas partes para recibir a los
invitados.
Ahí dentro Nahyra pudo
reconocer a la mujer de la servidumbre que la había presentado como Katherine
la princesa, obviamente debía evitarla si quería seguir ahí dentro.
Continuó observando cada
rincón del palacio que no había observado cuando estuvo ahí por última vez
hasta que sus ojos se encontraron con los de Antoni, quien sólo logró sonreírle
y siguió charlando animadamente con sus amigos del colegio.
— ¿Apellido? —preguntó una
mujer regordeta.
—Ve…Venturi—respondió
nerviosa.
—Pasa, pasa por aquí te he
estado buscando—y la llevó a empujones hacia uno de los cuartos del palacio—.
Vamos señorita, póngase ese vestido.
Nay no tuvo otra opción mas
que introducirse al baño y obedecer a la mujer. El vestido era el mismo que
había usado en su última noche dentro del palacio y de igual forma los zapatos,
el maquillaje sobre la mesita…todo, absolutamente todo estaba idéntico a la
última vez que puso un pie en ese palacio.
Dariel lo había recordado
todo, cómo no iba a recordar el brillo labial que le había traído tantos
problemas o el vestido que le había dado a Nay para sustituir su disfraz de
vagabunda. Cada detalle de ese día estaba guardado como una fotografía dentro
de su mente. Quería verla exactamente igual para que todo fuera idéntico
obviamente omitiendo la parte en la que le confesaba su plan con Antoni.
Estaba esperando fuera de
la habitación cuando por fin ella salió y entonces él la abrazó sin dejarla
reaccionar. Estaba más que feliz de que todo lo ´planeado no hubiera sido en
vano, si lo hacía por ella lo terminaría todo así tuviera que perderlo todo.
—Ya basta príncipe, usted
está comprometido—lo hizo a un lado de un empujón y ella caminó hacia afuera
con calma, no quería que él viera cuánto le afectaba el volver a verlo.
—Nahyra por favor basta,
sólo te pido que te quedes al evento y que por nada del mundo le digas si a
Antoni, prométeme que no dirás si nunca a Antoni y te dejaré de molestar hoy.
—Te lo prometo, pero yo
tengo…debo ir con mis padres.
— ¿Ellos han venido?
—Debiste verlos, estaban
emocionados por el evento de hoy, gracias Dariel, los has alegrado…ok, se que
la idea de invitarnos fue tu idea—confesó.
Por fin ellos pudieron
cruzar palabra sin que el pasado los interrumpiera, por un pequeño momento sólo
eran ellos dos y nadie más importaba en su pequeña y personal burbuja de
cristal.
—Si te casas con ella se
enterará de que ya diste tu primer beso—susurró Nahyra antes de ir de regreso
con sus padres.
Dariel comenzó a planear
una venganza en caso de que el plan fallara y entonces ese chisme fuera a parar
a los oídos de Katherine o de su padre, lo habían vigilado las veinticuatro
horas como para que el ya hubiera dado su primer beso y nadie se hubiera
enterado.
La fiesta dio inicio con la
presentación de todas las familias invitadas, entre las cuales relució el
apellido Venturi porque incluso los alumnos del Special Art College que estaban
ahí comenzaron a aplaudirle en cuanto los llevaron a su mesa,
La comida estuvo deliciosa,
en su mesa sirvieron comida de Centroamérica, en su mayoría platillos mexicanos
donde destacaban los tacos dorados de pollo y de papa con salsa y crema encima,
enchiladas, mole, todos los platillos eran tan coloridos y suculentos que ella
olvidó sus modales y se puso a comer hasta que Dariel pasó cerca y le dio un
pequeño golpe en la cabeza para que se comportara.
Si el rey la veía comer de
esa forma tan poco convencional seguramente jamás apoyaría su decisión, con que
ella supiera comportarse como una dama bastaba.
Las horas pasaron y la
mayoría de los invitados comenzaron a retirarse después de la comida. Según el
programa aún faltaba el concierto baile, el concurso de música en el que Nahyra
a se había inscrito sin importar que el príncipe, Antoni, Katherine e incluso
dos de sus amigas de su misma escuela lo hubieran hecho también.
Cuando el palacio quedó
semi vacío llegó la hora decisiva de actuar para Dariel y las horas más
confusas para la familia Venturi.
—Señorita Nahyra
Venturi—dijo un hombre que estaba sobre el escenario—Nahyra Venturi, se
necesita su presencia en el ala norte del palacio.
Los padres de Nay no
dejaron de animarla a levantarse hasta que todas las miradas estuvieron sobre
ellos y entonces Nahyra se vio obligada a asistir. Cuando caminaba por los
pasillos todos la saludaban con una enorme sonrisa y ella les respondía con una
inclinación.
— ¡Becka! —gritó Nahyra en
cuanto vio a su compañera de trabajo y amiga parada enfrente de las puertas.
—Nay, aquí te espera una
gran sorpresa—fue lo único que dijo y entonces se abrieron las puertas de esa
habitación.
No podía ser mejor, todos
los objetos que habían sido comprados en la tienda de la biblioteca estaban ahí
dentro con un enorme sobre del tamaño de Nahyra. Ella no dudó en abrirlo y leer
su contenido.
«Todos estos artículos y esta biblioteca son propiedad de los niños de
Kouba»
Eso era todo lo que
contenía la carta, pero esas palabras hicieron que ella soltara unas lágrimas
arruinando por completo la apariencia fuerte que había estado llevando en todo el
evento.
—Eres un idiota
Dariel—murmuró Nahyra al tiempo que comenzaba a sonreír de pura y genuina
alegría—, me has engañado nuevamente.
—Esa no era mi intención—y
el príncipe hizo su gloriosa entrada—. Pero no hablemos de eso, necesito que
salgas conmigo en…un minuto exactamente.
— ¿Por qué en un minuto?
—No hay tiempo, vamos.
Dariel estaba concentrado y
lleno de determinación e n lo que haría, le daría a Nay su primer baile y la
noticia estaría más que clara, se suponía que ese baile estaba reservado para
realizarse con su prometida. De verdad esperaba que su padre comprendiera el
mensaje.
—Dariel, deberías bailar
con Kat…
—Nada, yo quiero bailar
contigo y así lo haré.
Y así pasaron la noche,
bailando y bailando hasta que por fin dio inicio el concurso de música y todos
corrieron escenario arriba.
Ahí arriba estaba el
problema del plan, debería anunciar ante todos que abandonaría la corona para
casarse con una plebeya, el rey, los padres de Nahyra, Antoni, Kate…casi media
población de Kouba escucharía la noticia.
Pasaron los participantes y
al final Nay pasó con micrófono en mano para interpretar la canción “La vie in
rose” en piano, como era de esperarse. Fue evidente quien ganó aunque no había
pasado ni la mitad de la canción, pero ella ya tenía al público en la palma de
la mano.
—Creo que sabemos quién es
la ganadora, el premio por favor—exigió Dariel y entonces un hombre alto pasó
con un cojín sobre el cuál reposaba una cajita amarilla que le fue entregada a
la ganadora, a Nahyra Venturi.
Todos se quedaron
anonadados esperando a que ella abriera la cajita, pero entonces Dariel la
detuvo.
—Antes de que ella termine
necesito hacer un anuncio a todo el pueblo de Kouba…hoy…hoy se quedan sin
príncipe y lo siento mucho. He de renunciar a la corona si quiero ser feliz al
lado de la persona que amo—los murmullos comenzaron en todo el salón—, y me
temo que deberé tomar esta medida, Nahyra, abre esa caja.
Las manos le temblaban y la
vista se le nublaba con las lágrimas que pedían salir a gritos, Cuando por fin
recuperó la fuerza, abrió la caja y tres piedritas comenzaron a parpadear y
destellar bajo las luces del salón. Un anillo, el premio era un anillo de oro
blanco con una nota musical hecha con tres diamantes.
—Nahyra Venturi,
¿aceptarías ser mi esposa? —un enorme suspiro de sorpresa llenó el silencio que
yacía en ese momento.
—Quiero, quiero vomitar—fue
su única respuesta y huyó en busca del baño.
Nauseas, nauseas, nauseas,
de todas las cosas que lo pudieron haber pasado, debían ser nauseas y tenía que
admitirlo en público. Encontró el sanitario para damas y se introdujo de
inmediato para expulsar la deliciosa comida mexicana que había ingerido. Todo
un desperdicio.
Una vez que se tranquilizó
comenzó a llorar porque ahora todo tenía sentido, él había planeado toda la
feria por ella, porque quería llegar hasta ese punto y lo peor de todo era que
lo había logrado porque él realmente la conocía. Si no fuera así cómo se
explicaba entonces que su plan funcionara.
La risa histérica de
nervios comenzó a salir y entonces corrió de regreso al salón para dar su
respuesta sin importar lo que Katherine le hiciera o lo que el rey y sus padres
pensaran, ella debía dar una respuesta antes de que dieran por hecho que ella
lo había dejado solo.
—Yo…no sé qué decir…Ariel,
eres un idiota ¿lo sabes? —volvió a reír y entonces encendió el micrófono—,
Dariel eres un idiota, arrogante y quizá la persona más inocente e infantil que
pueda conocer, pero eres MÍ idiota, infantil e inocente príncipe…bueno, ahora
supongo que sólo eres un chico más pero sí, con gusto me casaría contigo…en un
par de años claro, somos jóvenes y no me urge un compromiso por el momento.
Todos rieron y disfrutaron
de los fuegos artificiales mientras Dariel y Nahyra trataban de actuar normales
ante esa situación.
—Sé que quieres
besarme—murmuró Nahyra en un momento de distracción del príncipe.
—Claro que no, yo no lo
haré esta…—no pudo terminar su frase porque Nay tomó ventaja y le plantó u
beso. Después de todo se lo debía por aquella ocasión con la fiebre. Era su forma
de pago por todas las dificultades que le hizo pasar.
—Te amo—murmuraron al
unísono y entrelazaron sus dedos tomados de las manos.
Capítulo 5: "Juega conmigo"- SIng with me
JUEGA CONMIGO
Por fin había terminado el suplicio de la danza y había comenzado el otro con las maquillistas del palacio. Habían probado cada tono de sombras sobre sus párpados y cada estúpido barniz con o sin aroma para sus uñas; así como las cremas corporales que quedaran con el vestido.
Por fin había terminado el suplicio de la danza y había comenzado el otro con las maquillistas del palacio. Habían probado cada tono de sombras sobre sus párpados y cada estúpido barniz con o sin aroma para sus uñas; así como las cremas corporales que quedaran con el vestido.
Odiaba
todo eso, no, no lo odiaba. Lo aborrecía. Además de que debía cambiarse de ropa
cada vez que lo ordenaran o tener que caminar en unos enormes tacones que
serían la pesadilla de cualquier adolescente o quizás el sueño de muchas otras.
No era como si su vida dependiera de ello, pero el rey si por lo que
prácticamente sí, su vida sí dependía de esa reunión.
Le
había tomado toda una semana aprender a andar por su casa en tacones de no más
de ocho centímetros, pero entonces de la noche a la mañana se les ocurre
montarla en unos de casi quince.
Tuvo
que esforzarse otra semana más para por fin estar lista porque el día había
llegado, estaban a sólo unas horas de dar inicio al evento y ella aun no tenía
un look definido.
—Te
cortaremos el cabello—declaró la estilista mientras abría y cerraba las
tijeras.
—Mi
cabello se queda como está.
—Muy
bien, entonces te lo recogeré en un chongo sencillo con un par de perlitas
alrededor.
—Haz
lo que quieras solo no lo tiñas ni lo recortes—ordenó Nay y se quedó pensando
sobre el sillón esponjoso.
Las
maquillistas comenzaron a dar de vueltas por todas partes con sus estuches de
maquillaje y demás productos de belleza.
Otras
personas llevaban joyeros y otras cajas con los zapatos.
—Dejaremos
que esto tome forma, mientras ve con las maquillistas.
Nay
fue trasladada a otro salón donde ya se habían instalado mujeres jóvenes y
algunas un poco más grandes todas con sus respectivas brochas, pinturas
barnices…todo lo necesario para un cambio de imagen.
Tuvo
que sentarse en medio del salón para que ellas pusieran manos a la obra y así
la cubrieran de maquillaje. Cada segmento de piel quedaría cubierto por una
crema de duraznos con almendra, con loción de alguna marca francesa cuya
pronunciación parecía imposible, sólo se veían unas iniciales “YSL” decía el
frasquito.
Polvo
salía por todas partes y sus párpados quedaron cubiertos de sombras naturales
en tonos melocotón y café claro, casi llegando al color de su piel.
Los
labios los dejaron como estaban, sólo aplicaron una capa de gloss para dar
brillo y volumen y un poco de delineador para resaltarlos.
Las
uñas fue lo complicado porque les hicieron un efecto difuminado que iba del
blanco en la cutícula hasta el anaranjado en la punta, se veían espectaculares
con la manicura perfecta que le realizaron.
El
vestido era magnífico. Por fin se decidieron por un vestido con tonos otoñales.
Eran capas y capas de tela que lo hacían esponjarse como un globo pero sin
perder esa figura femenina de la delicada Nahyra, que al menos en ese vestido
lucía delicada.
Su
piel no se veía pálida y sus rasgos que quizás eran algo toscos se habían
refinado y la hacían ver como una muñequita de porcelana, de esas que
encuentras detrás de la vitrina de una tienda de antigüedades.
—
Listo señorita Venturi, el príncipe Dariel se ha adelantado a su clase para
presentar la canción que realizarían para su colegio. Todos los encargados del
servicio le deseamos éxito en esto—la chica sonrió y se llevó a Nahyra hasta el
lugar donde estaban las limusinas.
Se
fue a gran velocidad pero tuvo que parar en su casa para hacerle una pregunta
importante a Olga que determinaría el curso del evento.
Estaba
decidida a actuar, en caso de que Dariel realmente la había besado no le
quedaría más remedio que alejarse por completo de él porque no era lo que ella
quería, pero si no había sucedido nada tendría que matarlo porque no pudo
dormir bien desde que recibió la noticia.
Entró
a casa y buscó por todos lados a Olga hasta que dio con ella en la pequeña
bodega.
—Olga
necesito saber una cosa muy importante—comentó mientras Olga inspeccionaba con
la mirada su nuevo cambio de imagen.
—Te
vez maravillosa, dejarás al joven con la boca abierta, solo ¡mírate! —corrió
por el espejo de cuerpo completo que estaba en la sala y fue hasta donde estaba
Nay.
Era
cierto, ella se veía realmente hermosa, incluso no se hubiera reconocido de no
ser porque ella era la única persona frente a ese espejo. Sus manos delicadas,
sus gestos refinados, incluso su aspecto era diferente con ese peinado.
Pero
eso no significaba que debiera detener su pregunta. Ella llegó a casa con el
objetivo de hacerlo y lo haría, aun si perdía la confianza de Olga o quizá la
perdía a ella por completo, debía despejar su duda.
—Olga
júrame que me dirás la verdad.
—Claro
señorita, lo que usted desee—hizo su promesa asustada, no sabía ni qué pasaría
pero ella veía esa angustia en los ojos de Nahyra.
—
¿Dariel…él me besó? —titubeó al hacer la pregunta.
—
Es eso, niña creí que era algo más importante. Pero la respuesta es sí, te besó
pero porque tu lo obligaste a hacerlo. Le dijiste que lo dejarías ir sólo si te
besaba y bueno él lo hizo, era lógico que lo hiciera porque él quería salir.
—Es
un idiota—alzó su vestido y corrió hacia la limusina.
No,
no era justo que ella estuviera llorando y estropeando las horas de trabajo que
tardaron las maquillistas en ponerla hermosa, mientras que él estaba
practicando felizmente la interpretación que harían ambos.
Se
detuvieron cuando el semáforo indicó el rojo y entonces ella arrojó las
zapatillas fuera de la limusina y después ella saltó par huir. No necesitaba
esa presentación, incluso no necesitaba del colegio de arte. Así la expulsaran
o la reprobaran, por nada del mundo regresaría.
Corrió
por las calles hasta el parque y entonces se puso las zapatillas. El maquillaje
había quedado arruinado y el vestido tuvo un destino similar. Se introdujo a
donde comenzaba el área de los árboles más frondosos cerca del río que ahí
crecía.
Se
acercó hasta la orilla del riachuelo e introdujo sus pies descalzos para
lavarse la sangre de las cortadas que causó su escape y de paso para pode
relajarse mientras se tendía en el pasto. Seguramente sus padres se
preocuparían porque ella no estaría en el elegante evento del rey, o tal vez su
majestad la vetaba de por vida en el palacio por no cumplir con su palabra.
Y
bueno, el odio de Dariel sería un extra además de que ya no vería a Antoni a
menos que fuera a visitarla a su trabajo en la biblioteca. La biblioteca, había
pedido el día libre y ¿para qué?, para perder el tiempo huyendo de su realidad.
Se
levantó y dejó que sus pies se secaran con el viento que soplaba. Comenzó a
desmenuzar la falda del vestido hasta que se quedó con sólo una capa de
tela el forro, mientras que en el suelo
yacían los incontables metros del tul que componían la falda.
Pensó
en detener toda la locura que corría por sus venas y regresar al evento, pero
eso significaría que aceptaría todo lo ocurrido a tal grado de no darle
importancia a su primer beso.
Se
puso de pie, se calzó las enormes zapatillas y caminó sin rumbo fijo por la
orilla del río mientras recogía algunas cosas que se encontraba en el camino,
como moras o jitomates, algo que la alimentara un poco para continuar con su
caminata.
—Se
que hago mal pero ya que, Katherine seguramente cumplirá el papel a la
perfección, después de todo ella es una actriz—murmuró mientras estaba sola y
se detuvo en una enorme pendiente que llevaba a otra colonia desconocida.
Subió
por ella y escuchó la música, tanto caminar la había llevado hasta el sitio de
donde huía. Aceptó su condición y entró a la plaza donde estaban todos
amontonados.
Se
escuchaba un murmullo de todas las personas preguntando por el príncipe Dariel
Cosustta porque no se había presentado. Eso era verdad, el príncipe no estaba
en el escenario porque había regresado al palacio por Nahyra. Pero ella no
estaba.
—
¿Alguien sabe a dónde fue Nay? —gritó a la servidumbre y todos negaron.
—Majestad,
ella escapó en una señal de alto, no sé cómo sucedió que salió de la limusina
si yo mismo me encargué de poner los seguros—entró el chofer y cayó el suelo de
manera dramática.
—Llévame
hasta ella, te lo ordeno.
Estuvieron
en el semáforo en menos de cinco minutos y entonces Dariel salió del vehículo y
fue gritando el nombre de “Nahyra Venturi” mientras se alejaba un poco más
dentro del parque.
Caminó
y caminó por mucho tiempo hasta que se cansó y tuvo que regresar a la limusina.
Seguramente Antoni y Kate estaban ocupados dando el concierto. Incluso le pidió
ayuda a Antoni para que ambos buscaran a Nay pero él se negó bajo el pretexto
de que él se quedaría a suplirlo en la presentación.
Regresó
al palacio para poder cambiarse el uniforme de gala del SAC y ponerse el traje
de gala confeccionado para sa ocasión especial. Sólo esperaba que Nahyra
regresara al palacio y así cumplir la promesa que había hecho con su padre y no
sólo eso, quería bailar con ella y dejarla tocar el piano Fazioli que había
mandado a comprar a Italia.
Miró
con añoro el piano y se sentó en el banco para tocarlo, peo se detuvo. Se
suponía que Nahyra sería quien estrenara ese piano y él estaba pensando en
hacerlo porque algo le decía que ella no llegaría.
—
¡Abran las puertas y que entren sus majestades! —indicó el rey a los guardias
del palacio.
— ¡Alto!
—gritó el príncipe y detuvo a todos.
Caminó
escaleras arriba hasta alcanzar a su padre y luego le dijo al oído:
—La
señorita Venturi no está aquí, nadie sabe nada sobre su paradero.
—De
todas formas ha hecho un trato con la familia real, si ella no lo cumple lo
único que puedo hacer es sacarla del colegio retirándole la beca—saludó a los
monarcas y demás reyes y reinas que pasaron directo al salón.
Dariel
imitó a su padre y sonrió amablemente, se inclinaba frente a los reyes y reinas
y les daba un beso en la mano a las princesas que desfilaban con aquellos
ostentosos vestidos.
Él
ya se podía imaginar a Nahyra enfundada en uno de esos vestidos, un verde o
quizás un azul, algún tono que resaltara su piel y su hermoso cabello así como
un hermoso peinado que la hiciera lucir más alta que lo normal.
Pero
se quedó como una ilusión porque ella no llegaba aunque ya había pasado más de
la mitad del evento. Pero ese no era problema alguno porque podrían fingir que
estaba enferma, el verdadero problema estaba en que ella perdería la beca y
tendría que regresar a su casa para seguir estudiando en una escuela normal.
El
príncipe tuvo que disculparse por “un dolor de estómago” a la hora de la cena
para poder ir a su recámara y marcarle a la sirvienta de Nahyra y enterarse del
paradero de Venturi.
Marcó
pero lo mandaban directo a la contestadora, eso le sucedió cuatro veces hasta
que por fin decidió dejar todo como estaba y huir por la rama del árbol que
daba a su balcón, así quizá nadie sospecharía y podría actuar.
Resbaló
desde lo alto y su grito de cuando impactó con el suelo fue audible en todos
los lugares del palacio. De inmediato una escolta de los guardias fue en su
ayuda y lo regresaron a su habitación para que se mejorara.
Así
fue como Dariel tuvo que soportar la ausencia de Nahyra Venturi mientras que
ella era feliz en las calles de Kouba, en las calles que ella no conocía, era
como una turista más en su propia nación.
De
vez en cuando las personas se quedaban observándola detenidamente por su
atuendo tan desalineado o por su maquillaje corrido, pero ya no le importaba
porque no se encontraba entre esas personas tan escandalosas y ricas que de
inmediato se pondrían a juzgar.
Fue
hacia la plaza pública del pueblo donde se encontraba y halló un piano clavado
justo en medio y era abierto a todo el público. Estuvo a punto de llorar de
felicidad pero se contuvo. Prefirió correr y alcanzar el piano para poder tocar
y cantar algo creado por ella, necesitaba desahogarse en ese instrumento. Y no
importaba que estuviera en público, seguramente nadie le prestaría atención a
una loca amante de la música.
Y
la melodía empezó con unas notas suaves para ir subiendo poco a poco hasta
estallar mostrando las miles de emociones que Nahyra había estado guardando
para no parecerles una molestia a las personas que la acompañaron en los buenos
ratos que pasó.
Una
mano que se posó fuertemente sobre el piano interrumpió su canción y la hizo
sobresaltar.
—Nay,
¿qué estás haciendo aquí?, se suponía que debías estar en el evento de los Cosustta.
Vamos, te llevaré hacia allá—Antoni cogió de la mano a Nahyra y la arrastró por
la multitud que se había juntado alrededor del piano sólo para escuchar su
grandiosa interpretación.
—No Antoni, yo sólo no quiero estar con Dariel
en este momento—explicó mientras trataba de detenerse con los enormes tacones.
—No
te lo estoy preguntando, dije que te llevaría,
Así
se fueron todo el camino hasta llegar a la casa de Antoni para ir por su
automóvil y así poder llegar al palacio donde seguramente la estaban esperando.
El
camino fue detestable porque nadie hablaba. Antoni se limitaba a poner toda la
concentración que le quedaba en el camino mientras que Nay hacía pucheros
frente al retrovisor esperando a que él captara el mensaje de odio.
—Hemos
llegado—Nay trató de abrir el auto pero éste tenía los seguros puestos y ella
fue incapaz de quitarlos a tiempo para volver a escapar—. ¿Por qué estás tan
empeñada en escapar de él?
—Sí,
él ha robado mi primer beso y ni siquiera me ama, lo hizo por obligación—Antoni
se detuvo de golpe para reír libremente sin que alguien lo molestara por ese
hecho—. ¡No es gracioso!
—Claro
que lo es, porque él es un idiota
—En
eso estoy de acuerdo contigo Antoni, pero de verdad no te burles de mí.
—Es
que eres igual de torpe que él, no te has dado cuenta…te dejo—se dio la media
vuelta y regresó a su automóvil.
—
¡Venturi, Venturi! —se escuchaban los gritos desde una de las ventanas abiertas
y ella no tuvo más remedio que regresar al castillo a pesar de sus fuertes
intentos por escapar.
Dariel
era quien la estaba llamando con esa desesperación.
—Ve
por la puerta de atrás, yo te recibiré.
Dariel
bajó apresurado para abrir la puerta de donde salía el personal de servicio del
palacio, y entonces Nahyra apareció con el vestido desgarrado y con las
zapatillas batidas de lodo.
Nada
encajaba en la cabeza de Dariel. Probablemente todo eso era la evidencia de un
secuestro o de una persecución a mano armada de la que Nay había sido víctima.
La
recibió con los brazos abiertos y la llevó hacia su habitación para que no la
vieran en ese estado de pordiosera. Estaba más que claro que ella no tenía
mucho dinero, pero no era como para andar a esas horas de la noche y con esas
fachas. Aun peor era tener el descaro de presentarse en el exclusivo evento con
esas vestimentas.
—Me
tenías preocupado, ¿dónde se supone que estabas? —reclamó Dariel con una
actitud de mamá enojada en todo su semblante, hasta en la típica posición de
manos sobre la cadera y dedo acusador apuntando a la culpable.
—Bueno
ya cálmate porque estoy aquí y además, si tan preocupado estabas debiste
buscarme.
—Claro
que te busqué.
—Pues
yo no te vi corriendo o gritando mi nombre.
—Lo
intenté pero caí de esa rama—Nahyra no pudo suprimir su carcajada burlesca y
tuvo que cogerse el estómago por el dolor.
—No
puedo creerlo—estaba llorando de tanta risa—, caíste de una rama—el ataque de
risa volvió y por fin Dariel se relajó. —. Gracias de todas formas.
—Bien
dicen que la intención es lo que cuenta…y hablando de eso quiero pedirte perdón
por lo del beso.
Nahyra
se enderezó y adquirió un semblante más serio de lo normal, parecía una mujer
gigante que en cuanto decidiera podría aplastar al chico que tenía enfrente de
un solo movimiento.
—Deja
de jugar conmigo princesa Ariel y dime, ¿de verdad lamentas el beso?
—Creo
que abajo hay una fiesta esperando…
—Me
importa muy poco tu apestoso evento ¡responde!
—No
lo sé, ese fue mi primer beso también y se lo he dado a una enferma ¿crees que
eso será fácil de superar? Y ha sido a una enferma loca que no estaba en sus
sentidos. Por amor de Dios Venturi ¡rogabas por un beso!, no me dejaste otra
opción—el príncipe comenzó a dar vueltas en la habitación como si ahí se
encontrara la respuesta a todas sus dudas.
—No
te pregunté por cómo fueron las cosas, he dicho que si lamentas haberme
besado—ella estaba nerviosa por haber soltado la pregunta de una forma atrevida
y lo más extraño era que la situación no iba para nada como ella se la
imaginaba.
En
su mente Dariel le respondía que sí porque él estaba enamorado de ella y entonces
quizá por fin podría decirle que sentía lo mismo aunque no fuera cierto. Pero
estaba segura de que ese sentimiento que le embargó en cuanto vio a Dariel con
los niños no era genuino respeto ni siquiera un sentimiento de bondad o
compasión pero si estaba a su lado seguramente podría averiguarlo sin salir
herida en el intento.
—Claro
que no, no me arrepiento de haberte dado mi primer beso ni de haberte robado el
tuyo, me arrepiento del hecho de que soy el único que ha estado preocupado por
eso a tal grado de no poder verte a los ojos…
—Perdóname
por estar delirando en ese día, pero que bueno, porque de otra forma no hubiera
tenido el coraje como para decirlo—murmuró y se sonrojó levemente.
—Entonces
que no te sorprenda el día que llegue ebrio a tu casa para pedirte que seas mi
novia, porque no encuentro otra forma de tener ese valor—tenía ganas de alzarla
en sus brazos y darle vueltas en el aire pero se contuvo.
El
evento abajo estaba resultando agobiante para el rey porque en ese momento más
de tres reyes querían hablar con él para hacer tratos sobre las tierras
fértiles de Kouba. Necesitaba la ayuda de su hijo y de esa chica que usaría
como distractor de los príncipes y de las princesas.
El
rey se desesperó y fue directo a la habitación del príncipe para obligarlo a
salir y a darles la cara a todas esas personas de la realeza de otros países y
a que se sentara a cenar para perder el tiempo ahí abajo.
—Dariel
Cosustta, baja de una vez por todas…—pero se detuvo en seco en cuanto vio a su
hijo aplicándose una capa de brillo labial mientras se observaba al espejo—.
Dariel nunca creí que tu…yo no debía.
—
¡No es lo que parece!, le estaba mostrando a Venturi cómo hacerlo—excusó el
príncipe mientras se limpiaba el maquillaje con el dorso de su mano.
—
¿Y dónde está ella?, yo sólo veo a mi hijo tratando de parecer una mujer, no
debí ver esto—el rey se cubrió los ojos y fue corriendo hacia el gran salón
siendo seguido por su hijo.
Nahyra
salió del baño con su nuevo y elegante vestido rosado y entonces buscó a Dariel
para que la ayudara con el peinado y el maquillaje, pero cómo no estaba decidió
sólo dejar su cabello suelto y ponerse el brillo labial que estaba sobre unos
cajones. Así bajo por las escaleras y recorrió cada rincón del palacio en busca
de la reunión a la que estaba obligada a asistir, después de todo fue ella
quien dio su palabra.
Una
sirvienta la encontró buscando la salida de la cocina y la llevó de regreso a
la habitación de Dariel.
—Usted
debe ser la princesa de Farstenburg, la estábamos esperando—murmuró aquella
mujer regordeta y la cogió del brazo para presentarla ante todos.
—Por
fin ha llegado la princesa Katherine de Farstenburg—todos se pusieron de pie y
los príncipes fueron a saludarla dándole besos en la mano. El único que no se
levantó fue Dariel y era obvio, él sabía que ella no era la princesa Katherine.
—Princesa
veo que se ha teñido el cabello de castaño.
—Oh,
y también me puse pupilentes y creo que me he blanqueado—dijo a modo de
sarcasmo pero el chico que tenía enfrente se quedó observándola fijamente.
—Si
no estuviera comprometida con el príncipe de Kouba créame que estaría ahora
mismo en mi palacio.
La
mirada de desentendimiento y vergüenza que Nay le lanzó a Dariel fue muy
alarmante a tal grado de hacerlo salir corriendo para llevarla hasta su mesa.
—Por
qué no me dijiste que Katherine era una princesa—susurró Nay y entonces Dariel
se agachó un poco para contestar en su oído.
—No
veía la necesidad en que supieras sobre mi compromiso con esa princesa, de
hecho me alegra que no haya venido porque tenía una aparición especial dentro
de una telenovela que se transmite los fines de semana en España.
Nahyra
tuvo que suprimir su llanto, era estúpido haberle dicho esas cosas tan
románticas o haber actuado tan caballerosamente con ella si de todas formas él
ya estaba comprometido, era por eso que Kate le había dicho esas cosas tan
crueles aquel día que Antoni la rescató de su venenoso ataque.
Es
más, él fue quien la buscó y la encontró cuando escapó, de hecho el había sido
el único que se había preocupado por ella en todo este tiempo.
Se
levantó rápidamente de la mesa y pidió disculpas, como si ella fuera Kate, por
retirarse en ese momento por asuntos de su grabación en un estudio que le
indicaron sus agentes. Quizá podía ocurrírsele un mejor argumento pero le urgía
salir de ahí.
—
¡Nahyra Venturi, regresa!
Ella
volteó el rostro para observar a su persecutor y vio a Dariel corriendo a toda
velocidad y con la peor cara de enojo que le pudo ver a alguien, incluso las
arrugas de frente se profundizaron.
Huir,
debía huir si quería llegar a Antoni o por lo menos lo haría para conservar su
vida. Volvió a dejar botados los zapatos de tacón y huyó descalza.
Las
pisadas de Dariel ya no se escuchaban y ella decidió quedarse a descansar sobre
un camellón lleno de jacarandas en pleno florecimiento. Alguien gritó cerca su
nombre y de 9inmediato se puso de pie para emprender la carrera, dio dos
zancadas y entonces cayó al suelo. Había sido atrapada por Dariel.
Él
se rodó hacia un lado para darle la oportunidad de coger aire y de asimilar
todo lo que le había pasado en esa noche. No era una noche cualquiera en “la”
noche.
—Debo
ir con mis padres, se preocuparán si no los visito.
—Claro,
y Antoni es la respuesta ¿no? —soltó sin bacilar, tanto tiempo estando con ella y averiguando cómo arruinar su vida debían
rendir sus frutos.
—Él
es el único que realmente se preocupa por mí, el único que me ha respetado y
que realmente me ama…—Dariel la cogió por los hombros y la sacudió para que
dejara de hablar.
—Deja
de jugar conmigo Nahyra Venturi, todo este tiempo me has estado preguntando si
me importó lo que sucedió entre nosotros y no paro de repetirte que sí, que me
importa demasiado como para romper mi compromiso con Katherine y proclamar uno
nuevo contigo, pero también me pregunto si vale la pena hacerlo o no porque de
inmediato cambias de humor y me botas como si fuera…como si fuera cualquier
cosa de la que te puedas deshacer, lo siento no se me ocurría nada para
compararme.
»Lo
peor de todo esto es que yo sigo haciéndome esas preguntas y tomándome mi
tiempo mientras que tu corres para estar en los brazos de alguien que te ha
estado mintiendo todo este tiempo.
—A
ver señor sabelotodo, ¿cómo sabes que él me está mintiendo?
—Porque
yo le dije que lo hiciera—admitió y entonces Nahyra se quedó pasmada esperando
que él continuara con su respuesta—. No es un secreto el hecho de que te
odiaba, pero yo le dije a mi amigo Antoni que te enamorara para que después te
botara y te hiciera miserable—levantó la mano para callar las protestas de
Nay—. Pero él no te ama, yo, yo le ordené que te mintiera perdona—dio unos
pasos para sostener a Nahyra pero ella sólo se alejó.
—No,
no puede ser posible. Me dices que me amas pero aun así hiciste esas cosas
terribles Dariel. Si lo que querías era destrozarme…felicidades lo has
logrado—se puso a sonreír con melancolía y aplaudió lo más fuerte que pudo—
¡Bravo Dariel!, ¡El príncipe siempre logra todo lo que quiere! —el sarcasmo era
notorio a esas alturas.
Se
dio la vuelta y se alejó lentamente esperando que él respetara su decisión de
dejar las cosas tal y como estaban en ese preciso instante.
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