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Capítulo 2: "Baila conmigo"- Sing with me

BAILA CONMIGO

Ya había pasado una semana yendo y viniendo del SAC y obviamente sin ver al príncipe o al rey. Las heridas ya estaban cicatrizando aunque aún se notaban las lesiones y debía cubrirlo con unos curitas que la sirvienta había conseguido en alguna farmacia ahí cerca.
Volteó a ver el papelito nuevamente cuestionándose si leerlo o no, la verdad era que desde que el rey le dijo que lo leyera no había reparado en lo curioso que resultaba y en lo enigmático que se había convertido. Tenía miedo de enterarse de cualquier cosa que el rey necesitara, porque no se le ocurría algo que una persona que lo tiene todo podría necesitar de ella.
Además de que se supone que ese día le diría a su profesor de teatro su habilidad y aún no tenía nada. Según el rey ella era muy inteligente pero dudaba que fuera una gran habilidad dentro de la actuación y Dariel le dijo que era muy fuerte, quizá eso ayudaría por el momento.
Salió de su habitación a hablar sobre el asunto de la tarjeta con la sirvienta. Necesitaba que alguien la escuchara y le diera una opinión acerca de la decisión que tomaría respecto a lo que el rey pidiera.
—Señorita Venturi, yo no puedo abrir esa carta, ahí dice claramente que es para usted y me temo que estaría violando una regla estricta para la servidumbre del palacio—se disculpó amablemente la mujer.
—Lo siento—Nay tomó la carta y la abrió—, listo, ahora ya está abierta, léala para mí ¿sí?
—Por supuesto—se aclaró la garganta y comenzó a dar lectura:

«Estimada becada Nahyra Venturi esta carta va dirigida a usted con la intención de pedirle un favor para la familia real. Como probablemente ya se ha enterado por las noticias, Kouba será cede de una reunión internacional de la diplomacia de diferentes países. Es de conocimiento público que nuestro reino no cuenta con una princesa ni con una figura femenina de alto rango.
Debido a que usted presenta las características para fungir como una, le pedimos que piense la posibilidad de asistir a la reunión como acompañante del príncipe Dariel Csustta, todos los gastos que este evento podría generarle serán cubiertos por nosotros (ropa, zapatos, accesorios, etc.) así que no hay problema por el dinero.
La ceremonia se llevará a cabo dentro de un mes, para ser precisos el día 24 de Noviembre.
Esperamos su pronta respuesta.
Atentamente: La familia real.»

—Señorita Venturi ¿qué hará al respecto? —interrogó la sirvienta mientras volvía a revisar el papel por todas partes.
—No lo sé, ya se me ocurrirá algo en el colegio, ¡nos vemos! —pasó a la cocina y recogió su almuerzo para introducirlo en la bolsa.
Ya se había acostumbrado a las miradas para nada disimuladas que le lanzaban las chicas y los comentarios destructivos que surgían de ellas mismas. También le gustaba la compañía de algunas chicas que comenzaron a juntarse con ella cuando se dieron cuenta de que todos esos rumores eran completamente falsos.
Ahora, en cuanto al talento para la clase de teatro no tenía ni la menor idea de algo más que decir a excepción del detalle que Dariel notó en ella, y eso era aun peor porque fue él quien la ayudó a darse cuenta de ello.
—Iris, ¿ser fuerte se consideraría un talento para teatro? —preguntó con la esperanza de que su amiga le diera una respuesta positiva porque sus opciones se estaban reduciendo.
—No lo sé, pero puedes decírselo al profesor, de todas formas supongo que es un gran comienzo. ¿De verdad nunca llevaste estas materias? —había estado haciendo esa pregunta desde que se conocieron, no podía creer que tuviera la oportunidad de hablar con alguien que recibió educación pública por tanto tiempo.
—No, mis materias eran más de “cultura general” por decirlo de alguna manera. Llevaba historia, geografía, español, estadística…ese tipo de materias son las que se enseñan en una escuela pública.
—Wow, ese mundo se ve cada vez más atractivo—suspiró Iris con la esperanza de que algún día ella pudiera obtener ese nivel educativo que, aunque la mayoría pensaba que era de lo peor, ella estaba segura de que sería una experiencia reconfortante.
Su primer clase el día de hoy era solfeo y tuvo que ir corriendo de la mano de su amiga para evitar a Dariel—lo cual era complicado porque todas las clases estaban juntos—y para llegar a tiempo y antes que él.
Llegaron y tomaron asiento en la fila delantera para que Nahyra pudiera poner más atención y para despejar su mente de aquella carta, al mismo tiempo de que comenzaría a ser más participativa en clases para que mínimo no le preguntaran cosas que no sabía cuando estaba distraída.
—Hoy practicaremos sus escalas, por favor, todos los que toquen el piano formen una fila a la derecha y los que quieran hacer la práctica ahora pónganse de mi lado izquierdo.
Nahyra por fin se sintió comprendida y fue la primera en pararse a un costado de la profesora. Después le siguieron algunos otros alumnos, entre ellos el chico que la llevó a la clase de teatro y desgraciadamente también estaba Dariel. Aunque ahora que lo recordaba nunca había tenido la oportunidad de escucharlo tocar el piano por su terrible error en el concurso.
Después de que las filas estaban formadas Nahyra se separó y corrió hacia el otro lado para practicar el canto. Ella estaba segura de que tocaba más que excelente, pero su entonación estaba oxidada y necesitaría recordar sus clases para poder seguir siendo tan buena como cuando cantó en el concurso.
El profesor fue enumerando a todos los pianistas y después fue el turno de los futuros cantantes. Ella fue asignada con el número veintitrés y estaba esperando a que le dijeran quién era el trece porque sería su pareja en el piano.
Cuando comenzaron  a pasar por números se dio cuenta de que iban en el diez y que tres lugares atrás estaba Dariel. Maldijo por lo bajo y fijó la mirada en un hueco pequeño que había en la pared donde seguramente debió haber sido clavado un cuadro.
— ¡Venturi, Nahyra! —Gritó la profesora para sacarla de su ensoñación—. Espero que esté consciente de que en este colegio no toleramos la falta de responsabilidad en las materias, así que si no está dispuesta a participar puede retirarse, nadie la está reteniendo a la fuerza.
—Disculpe, pondré más atención—masculló entre dientes y desvió su mirada hacia su pareja en la práctica.
Dariel también la observaba y disfrutaba de verla avergonzada por la reprimenda que acababa de conseguir. En cuanto tuviera la oportunidad de hacer que le volvieran a llamar la atención lo haría.
—Dariel Cosustta, deje de ver así a su compañera, por favor, trate de poner algo de atención a la clase—regañó la profesora cansada de que sus alumnos fueran tan irresponsables.
Ninguno de los dos se atrevía a dirigirse la mirada, no por vergüenza, sino porque probablemente terminarían discutiendo frente a todo el salón de clases y sacaría temas a relucir de los cuales ninguno de los dos se sentiría orgulloso. Además de que se suponía que él era el príncipe de toda Kouba y por lo tanto merecía el respeto de todos, ¿pero no se suponía que él también debía respetar a sus súbditos?, después de todo él la había derribado y había conseguido que se llevara una lesión grave en ambas piernas.
Nahyra cada vez fruncía más el seño hasta tal punto de asustar a todos los que la observaban, incluso Dariel estaba entrando en pánico porque tendría que hablarle para comenzar con la clase.
—Venturi—susurró Dariel con la intención de que ella no lo escuchara. Justo ahora se sentía diminuto al lado de esa chica tan insolente.
— ¿Qué quieres ahora? —Farfulló molesta mientras levantaba la vista del suelo y penetraba la mirada de preocupación de Dariel con una de odio profundo—. Date prisa y toca el piano para que cante.
El príncipe se sentó de mala gana en el banco que estaba frente al teclado del piano y se acomodó para iniciar a tocar.
—Si dejaras de hacer tantas tonterías para tocar probablemente lograrías completar tan siquiera una pieza—comentó Nay de forma burlesca.
—Si cambiaras tu actitud quizá dejarían de decirte que eres una chica engorrosa y obstinada, al igual que todos los campesinos—contestó Dariel alzando un poco más la voz para hacerse escuchar de entre las voces que ya estaban practicando.
— ¡Deja de llamarme obstinada! —estalló Nahyra cerrando el teclado para que la cubierta impactara con los dedos de Dariel.
— ¡Los dos vayan por un reporte a la dirección! —gritó exasperada la profesora abriendo la puerta de golpe para que los alborotadores se salieran.
Dariel se fue caminando de frente hacia el camino más corto a la dirección mientras que Nahyra eligió el más largo para evitarlo a como dé lugar. Por obvias razones Dariel llegó primero y se quedó esperando afuera de la dirección en espera del discurso que el director le daría a Nahyra por haber actuado de esa forma en clase.
Pero en lugar de escuchar una discusión lo que escuchó fueron las risas que provenían de ahí adentro y las fuertes carcajadas de Nahyra Venturi que se retorcía de la risa ahí dentro.
Después de tanto hablar para tratar de convencerlo de que no le pusiera el reporte porque ella quería continuar becada, tuvieron que hacer un poco de tiempo para que nadie sospechara de lo que estaba pasando y Nahyra pensó que hablar de algo en común solucionaría el asunto.
Una vez que ella salió encontró a Dariel sentado en los silloncitos reclinables del pasillo donde esperaban a que el director se desocupara. Él tenía la mirada perdida en el suelo y al alzar la vista pudo ver las pequeñas banditas que cubrían las heridas que él había provocado. Pero no sólo recordó eso, sino también el beso que le dio en los raspones cuando la ayudó a curar la herida.
—Perdona—dijo Nay mientras se inclinaba un poco para estar a la altura del príncipe—, no debí gritar esas cosas horribles enfrente de la clase, supongo que fue muy grosero de mi parte gritarle así al príncipe.
—Yo tampoco debía gritar sobre esos rumores por todo el salón aunque ya o saben, pero eso no fue nada amable. Disculpa por todos los problemas que he causado…
—No, yo inicié la pelea porque no he podido dormir bien por tu carta.
— ¿Mi carta?
—Sí, donde me pedías que te acompañara…
— ¡Eras tú! —Gritó sorprendido y alarmado—, ese viejo me las va a pagar.
Nahyra se quedó observándolo absorta mientras él se quejaba y se removía en su lugar. Si debía acompañar a alguien como él definitivamente no aceptaría, ni aunque el rey se arrodillara para implorar que lo hiciera. No aceptaría compartir su tiempo con el príncipe de la estupidez.
Él se puso de pie y la tomó del brazo, estuvo a punto de arrodillarse hasta que recordó que él no debía hacer eso con las plebeyas.
—Por favor no vayas, no aceptes la petición del rey.
¡Bingo!, por fin se había develado la debilidad de Dariel y Nahyra podría aprovecharla al máximo, o al menos hasta hartarlo y así hacerle la vida imposible.
Ella no respondió nada y se fue caminando de regreso al salón para tomar ahí su siguiente clase y así tratar de no sonreír tan malévolamente después de darse cuenta de cuál sería la respuesta correcta a esa pregunta del rey. Lo único por lo que realmente estaba nerviosa era por el hecho de que sus padres no se enteraran de aquello o le darían la reprimenda de su vida.
Siguió tomando las clases de música y de entrar al taller de instrumentos musicales para practicar ahí con algunos otros instrumentos que no fuera el piano o la guitarra. El profesor los puso a practicar con algunos otros instrumentos y ella decidió empezar con una práctica de iniciación en violín, mientras que Dariel cogió una flauta y una trompeta.
Desgraciadamente ninguno de los dos tuvo un buen resultado con eso y se vieron obligados a tomar asiento frente a los teclados para poder tocar alguna pieza conocida y no hacer el ridículo como antes.
Dariel observaba cómo Nay cerraba los ojos, respiraba profundamente y comenzaba a deslizar suavemente los dedos sobre el teclado, mientras que él repasaba las notas en su cabeza y trataba de imitar los sonidos con el teclado. Nahyra trataba de concentrarse, pero el “click” que hacían las letras cada vez que Dariel pulsaba cada una de ellas.
La música del príncipe no era mala, pero tampoco llegaba a ser buena y era evidente que el profesor se había dado cuenta pero no se lo informaba, sólo se dedicaba a ayudar a los otros alumnos, pero los que estaban en el piano no recibían instrucción alguna.
Nahyra se acercó hasta Dariel y golpeó sus manos para que se detuviera.
—Ya basta Dariel, si quieres te puedo enseñar cómo tocar sin hacer ese ruido molesto con las teclas y así algún día podrías ganarme en algún concurso ¿no lo crees? —musitó con la mayor disposición posible.
—No gracias, no necesito la ayuda de una pobre campesina—declaró con displicencia y se levantó del asiento para volver a tomar la flauta.
Nay apretó las manos en puños y se quedó sentada frente al teclado pensando en alguna melodía para interpretarla esta vez. Quería volver a tocar y cantar esa canción francesa con la que ganó el concurso pero entonces sería demasiado obvio que estaba presumiendo su talento con el piano. Así que se decidió por algo aun más sencillo. Una canción un poco más moderna interpretada en piano.
Se dejó llevar por el momento y cuando reaccionó ya estaba cantando y con las miradas de todos sobre ella sentada en un rincón tocando el teclado. Odiaba admitirlo, pero por primera vez se sintió aceptada por toda la bola de adolescentes ricos y presuntuosos.
Dariel no tardó en reconocer la canción y comenzó a corear a Nahyra haciendo que ella volteara a verlo con una cara de completa alegría, lo que logró que se sonrojara y se diera la vuelta para no volver a ver ese rostro sonriente, que de cierta forma para él había significado un “gracias” desde el fondo de su corazón.
—Eso ha sido excelente—exclamó el profesor cuando la canción finalizó y todos comenzaron a aplaudir, de hecho, aquellos que iban para actores comenzaron a fingir su llanto.
—Muchas gracias profesor, aunque no era nuestra intención interrumpir la clase…
— ¿De qué hablas, Venturi? Esto ha sido, en años, lo mejor que he visto en cualquier alumno que haya pisado el taller. Simplemente ha sido impresionante el juego de voces de ambos y si tuviera que apostar a que jamás escucharía un dueto como este lo haría con los ojos vendados. Mis felicitaciones jóvenes—culminó el profesor y todos regresaron a lo que estaban haciendo…todos excepto Dariel y Nahyra, quienes no sabían qué decir en ese momento y sólo jugaban con sus manos de forma incómoda.
—Gracias—comenzó Nahyra—, por no dejarme sola mientras cantaba. Pensé que los demás me tacharían de loca.
—Por un momento pensé que lo estabas, pero después me di cuenta de que canto mejor que tú—bromeó y por primera vez en toda una semana los dos se sonrieron. Deja de sonreír por favor, odio que sonrías—murmuró completamente molesto Dariel dejando confundida a Nay.
Su sonrisa no era fea, ni siquiera le parecía molesta. Lo molesto era esa fiebre que le venía cada vez que la observaba riendo. Seguramente le enfermaba verla así de feliz, porque lo que él realmente estaba buscando era hacerle la estancia más miserable en la historia del Special Art College y lo único que había conseguido era hacerla feliz en el primer día de ambas semanas.
Dariel siguió caminando hasta encontrarse con sus amigos para poder charlar un momento durante el descanso. Si quería hacerle la vida miserable a Venturi debería necesitar ayuda. Y no conocía a personas más apropiadas para eso que sus amigos.
—Antoni, necesito que me hagas un gran favor—dijo Dariel acercándose un poco a su amigo para contarle sobre su plan. — ¿Qué dices?
—Eso es muy cruel ¿no lo crees? Y para empezar no entiendo qué te ha hecho la campesina, hasta a tu padre le agrada. No entiendo qué tienes contra ella.
—Me enferma verla, no tolero su presencia.
—Si no te conociera diría que te gusta esa campesina—Dariel estuvo a punto de reclamar pero su amigo lo calló—, pero sé que jamás te fijarías en alguien como ella y por eso estoy dispuesto a ayudarte. Pero a cambio responderás una pregunta.
—Claro, porque me hagas el enorme favor de quitarla del camino lo haré.
— ¿Sabes si ella ya ha besado a algún chico?
— ¿Por qué lo preguntas?
—De todas formas no obtendrás mi ayuda si no me respondes esa pregunta. Nos vemos porque tengo una clase pendiente y ya no puedo faltar más o la tendré que dar de baja—Antoni se levantó de la banca y se fue hacia su salón pensando en que su amigo estaba perdido, porque sin quererlo, él ya se había enamorado. El único inconveniente era que él tardaría en darse cuenta de ello.
Dariel también tuvo que ir hacia su salón para poder asistir a su clase de teatro y poder presenciar el momento en el que Venturi fracasaría al no tener una habilidad que no fuera la música. Quizá esta vez sería su propia culpa el que la echaran de clase.
Todos comenzaron a llenar el pequeño auditorio ubicado dentro del SAC y los murmullos no cesaban. Estaba a punto de presentarse otro bloque de estudiantes que, al igual que la semana pasada, habían practicado para presentar otro espectáculo.
Pero para Dariel había algo mucho más esperado. El momento en el que Nahyra pasaría ante todos para decir cuál era su talento.
La obra esta vez no era sobre un circo, era sobre una boda forzada entre dos personas, ese tipo de obras donde los personajes se enamoran sin quererlo. La típica historia cliché que nunca falla con las chicas. A excepción de que sean como Nahyra, aquellas chicas para las que encontrar al amor de su vida no es una prioridad.
La obra terminó con todos aplaudiendo de pié hasta que el profesor salió detrás del telón a dar un anuncio importante.
—Por favor, recibamos con un aplauso a su nueva compañera Nahyra Venturi, ella ha venido a hablarnos sobre su talento.
Nahyra no sabía que en ese colegio las cosas eran así. Es decir, ella se presentaba normalmente ante sólo una clase cuando estaba en la escuela pública, pero jamás lo había hecho para más de tres grupos juntos.
—Vamos muñequita, no te cohíbas ante los espectadores que están a punto de conocer a otra gran estrella.
—Mi nom…mi nombre es Nahyra Venturi y vengo de…vengo de una escuela pública de aquí cerca y estoy aquí porque recibí una beca por parte de la familia real.
»Realmente no sé si tenga un talento especial, pero estoy segura de que si en esta clase se organiza un musical seré perfecta para ello, porque mi voz es mi talento. Mi talento es el canto.
Todos comenzaron a abuchear porque su talento no era especial dentro de un colegio especializado en artes, pero si les demostraba la calidad de su entonación probablemente ellos se darían cuenta de que lo que decía era completamente cierto.
De inmediato Nay le arrebató el micrófono a su profesor y se entonó para interpretar una estrofa de la canción del musical de Anita la huerfanita, quizá no era la mejor canción que se le pudo haber ocurrido; pero necesitaría el esfuerzo de cada cuerda bucal para alcanzar los agudos.
Siguió interpretando dejando a todos boquiabiertos aunque ella no podía observarlos porque tenía los ojos cerrados. Era una técnica para no ponerse nerviosa en cuanto se pusiera a cantar con cientos de ojos observándola como si fuera un bicho raro. Cuando concluyó todos se pusieron de pié y aplaudieron igual que aquella vez que ella cantó con Dariel en el laboratorio con los instrumentos.
El profesor le sonrió e hizo que pasara a su lugar.
—Gracias Dariel, si no fuera por tu ayuda no lo hubiera logrado—susurró y le dirigió una sonrisa.
Igual que las veces anteriores, Dariel se sonrojó sintiéndose mareado y salió corriendo en dirección a los baños de los hombres para revisar que no estuviera pálido o, por lo menos que siguiera igual que esta mañana. Le había advertido a Venturi que no volviera a sonreír y sin embargo osaba desobedecer sus órdenes.
Su última opción era hacerle aquella pregunta incómoda que Antoni le había planteado como condición para ayudarlo. Aunque fuera lo más vergonzoso que podría hacer no había otra opción que haría que ella rechazara la petición de su padre y que se alejara de él por completo.
Regresó a tomar la última clase que esta vez era la de danza. Era la oportunidad perfecta para pedirle a Venturi que fuera su pareja de baile y así poder lanzarle la pregunta sin darle la oportunidad de escapar.
En la cabeza de Dariel esa idea se veía maravillosa, pero en cuanto vio entrar a Katherine al salón de clases se arrepintió y estuvo a punto de salir de la clase y saltársela por primera vez. Ella era su amiga desde que tenía memoria y siempre se emparejaba con ella porque Kate no tenía muchos amigos. ¿Cómo le explicaría esta vez que haría pareja con otra mujer?
Se acercó hasta donde estaba ella, y Kate de inmediato saltó para darle un abrazo complementado con un beso en la mejilla pensando en que iban a bailar nuevamente.
—Oye Katherine, hoy no me apetece bailar contigo…no te lo tomes a mal, pero quiero enseñarle cómo hacer las cosas a esa campesina antes de que repruebe.
—Muy bien, ya buscaré a alguien más—Kate dio una sonrisa fingida y fue a un rincón en busca de otra pareja que quisiera estar con ella. Eso no sería tarea difícil porque era una chica realmente atractiva, su único defecto era que ella no poseía esa facilidad de hacer amigos por ser demasiado tímida.
Dariel caminó decidido hacia Nahyra para pedirle que fuera su pareja de baile solo por ese día, lo cual ya era bastante humillante por sí solo, pero empeoraría con la pregunta que debía hacerle.
Estaba a tan solo un par de pasos más pero una bola de hombres corriendo se atravesaron para llevarse casi cargando a Nahyra para hacer su intento de pedirle que bailara con ellos. Sin embargo ella los rechazaba. Rechazaba a los chicos que se creían “más apuestos” que los demás y lo había hecho sin pensárselo dos veces.
—Lo siento chicos, pero le he dicho a él que me ayudara con esto del baile—dijo señalando a un chico que estaba recargado en una esquina. Y ella fue tras él.
—Vaya, he visto que has rechazado a todos ellos por mí, debe ser duro para ti tener que tolerar todo eso—murmuró el chico mientras se acercaba más a Nay.
—Para nada, simplemente me pidieron bailar y yo dije que no, no hay nada complicado en eso, además de que es una simple clase de baile.
—Eres muy torpe—musitó y la tomó de la mano—. Por cierto aquella vez que te llevé a la clase de teatro no me presenté. Soy Antoni Ciaponi.
—Mucho gusto Antoni, yo soy Nahyra Venturi—le estrechó la mano y comenzaron a charlar bajo la expectante mirada de Dariel, quien estaba asombrado de que Antoni fuera directamente a hablar con ella aunque no había obtenido la respuesta a su pregunta inicial. Después de todo Antoni era un buen amigo en el que podía confiar o por lo menos eso era lo que pensaba Dariel.
La profesora entró a dar las clases mientras cargaba un enorme estuche lleno de discos en una mano y en la otra sostenía las bocinas del minicomponente que usarían aquel día.
—Como veo que ya todos han hecho parejas…—se detuvo al ver que el único que no tenía a ninguna chica junto a él era el príncipe—. Supongo que tú podrás ser mi ayudante el día de hoy.
Para la clase de danza era algo humillante terminar siendo el ayudante porque eso significaría que tendrías que bailar con la profesora e incluso, si el baile lo requería, deberías cargar su enorme corpulencia por los aires.
—Bueno yo…de hecho…Katherine…—tartamudeó Dariel en busca de la ayuda de su amiga.
—No cuentes con ello Ari, ya tengo pareja para esta ocasión.
Y así fue como Dariel terminó ayudando a su profesora de danza a interpretar un tango.
Dariel observaba de reojo los movimientos de Katherine con aquel otro chico desconocido. Eran movimientos fuertes pero amigables mientras que los de Antoni y Nay eran demasiado violentos y sugerían una especia de danza para cortejar.
—Recuerden que este baile de salón demuestra pasión, amor, deseo—explicaba la profesora con ademanes demasiado apasionados y dramáticos—. Así que eso es lo que quiero ver, quiero ver esa pasión transmitida a su pareja.
—Profesora pero no se supone que los estudiantes deban sólo practicar una danza más sana, y no algo tan amm… ¿cómo decirlo?
—Tan sugerente, profesora—complementó Nahyra ayudando a que Dariel terminara con su discurso.
—Exacto, no debería enseñarnos bailes tan sugerentes.
—Eso es porque tú bailas con la profesora, apuesto a que si bailaras con alguien como Nay no dirías lo mismo—excusó Antoni burlándose de su amigo.
Todos comenzaron a reír y a discutir mientras Antoni aprovechaba el momento para pasar más tiempo hablando con Nahyra.
—Fuiste muy grosero con el príncipe…me agradas—declaró Nahyra con orgullo mientras asía del brazo a Antoni para retirarse a la siguiente clase.
— ¡¿A dónde crees que vas Toni?! —gritó Dariel y salió corriendo tras de ellos—, ni creas que te la llevarás.
—Es toda tuya—Antoni se separó de Nahyra y la arrojó de un empujón a los brazos de Dariel—, te la encargo—soltó una carcajada y se fue caminando mientras Dariel seguía abrazando a Nahyra, quien luchaba contra éste para que la soltara.
Dariel se quedó inmóvil por un momento mientras reflexionaba cómo es que ahora se encontraba así, sosteniendo a Nay para que no se cayera y luchando contra su amigo por ella. Definitivamente su plan perfecto había terminado convertido en una completa locura.
Soltó de inmediato a Venturi y la dejó caer de sentón contra el duro y frío suelo con mosaicos de mármol para después disculparse y ayudarla a ponerse de pie.
—No te comprendo, maldita sea me duele mucho—trató de ponerse de pie pero hizo tanto esfuerzo que algunas lágrimas comenzaron a salir y a regarse mientras se agachaba para ocultar su rostro de Dariel.
—No otra vez, perdóname—se lamentó Dariel logrando que Nahyra comenzara a sollozar—. Te llevaré a casa, o al palacio, a donde tú quieras, pero para de llorar.
Ahora Nay estaba confundida, pensaba que irritar al príncipe era genial, pero preocuparlo a tal punto de la desesperación era mucho más reconfortante.
Ella se puso de pié como pudo y caminó lentamente hacia la salida del colegio para encontrarse con Iris y con otros chicos que quedaron en llevarla a casa. De todas formas no necesitaba de la compasión del príncipe y debía darle una pronta respuesta al rey antes de que se arrepintiera de su elección.

Capítulo 1: "Estudia conmigo"- Sing with me

ESTUDIA CONMIGO

Ese mismo día lo transferirían de escuela.

El príncipe de Kouba no merecía un premio por haber perdido en la competencia. Ante los  ojos de su padre, el rey, su hijo merecía estar con los mejores y para él era obvio que esa chica que ganó el concurso era mucho mejor que su hijo. Incluso pensó en sacarlo del Special Art College. Un colegio privado donde podías ver a hijos de superestrellas, jóvenes cantantes que ya habrían grabado un par de discos e incluso a actorcillos que ya habrían filmado dos películas. Era la mejor escuela privada para todos los contendientes a artistas o a personas famosas. Aunque el príncipe estudiaba ahí para cultivarse culturalmente en las artes.
Es por eso que el rey había mandado a investigar a la chica ganadora. Dónde vivía, su edad, su peso, su talla, su estatura, la escuela a donde asistía, los lugares que concurría. No fue nada sencillo, primero tuvo que pagar a dos detectives y entrevistar personalmente a los vecinos, amigos y familiares no tan cercanos de aquella joven.
Era injusto transferirlo de escuela, por lo que una oferta jugosa para la joven y sus padres haría falta para convencerlos de que fuera ella quien se transfiriera de colegio. Una escuela pública no era digna de una dama tan competente como ella y, a demás, debía asegurarse de que ella no hiciera algo extracurricular por lo que su hijo podría fracasar.
—Ha llegado una carta directo del palacio—anunció la madre de Nahyra mientras sacudía el sobre en el aire.
—Es para toda la familia, para todos los Venturi—recalcó el padre mientras buscaba el abrecartas entre los cajones.
Nahyra apenas pudo escuchar el alboroto en el comedor y fue como por fin cerró su libro de estadística para poder salir a ayudar a sus padres con cualquier cosa que hiciera que los cajones cayeran al suelo. Nunca había visto a su madre llorando ni a su padre tan feliz, a tal punto de casi dar saltitos de alegría por todo el comedor.
—Podrás dejar de trabajar—dijo su padre mientras le rodeaba la cintura con el brazo.
—Sí, por fin podrás estudiar lo que tú quieras y como quieras—dijo su madre enjuagándose las lágrimas de felicidad que escurrían por sus mejillas y se regaban sobre el sobre.
No lo comprendía, ¿ella dejar de trabajar?, si dejaba el trabajo seguramente tendrían que comenzar a vender algunos artículos de su casa para poder mantenerse económicamente estables y al mismo tiempo pagar sus estudios, que aunque no era lo más caro ya que asistía a una escuela pública, debían pagar los de sus cursos de música.
Ella inspeccionó el sobre con las marcas de las lágrimas de su madre. El papel era grueso y suave, tenía repujadas las letras de su apellido y en un color dorado. Como si realmente fuese importante. Revisó el interior del mismo y estaba aterciopelado con el grabado del escudo de la familia real.
Un sobre del palacio que contenía un mensaje tan importante que le cambiaría la vida.

«Estimados integrantes de la familia Venturi. Con motivos de compensación de la recientemente rechazada beca estudiantil obtenida como primer premio del concurso de música y canto hemos decidido darle la oportunidad a Nahyra Venturi para estudiar en el Special Art College con una beca del 100% incluyendo los gastos del material estudiantil que requiera.
Esperando su pronta respuesta deseamos que la señorita ganadora del primer lugar asista a este colegio.
Atentamente: La familia real»

— ¿Qué te parece pequeña?, podrás asistir a la mejor escuela de artes de todo Kouba. En la misma escuela en la que estudia el príncipe—musitó su padre entusiasmado.
—Lo pensaré—respondió Nahyra y regresó cabizbaja a terminar de resolver sus problemas para la escuela.
No quería dejar a sus amigos y a su familia atrás para cumplir un sueño tan superficial. Era egoísta. No, egoísta era quedarse en su escuela y entonces ser una carga más para su familia; sin embargo aunque ella trabajara todo el día no alcanzaría el dinero para seguir pagando sus dos escuelas y aparte los gastos de la comida y otras deudas que de por sí ya estaban haciendo que su dinero se redujera cada vez más.
Impotente, lanzó la calculadora contra la pared y comenzó a golpear su almohada con rabia. Reacomodó todo y se sentó en la orilla de su colchón.
Debía aceptarlo, no dejaría de trabajar pero debía aceptar la beca. Una ayuda para mis padres no vendría nada mal. Quizá mañana podría despedirse de sus amigos para poder dar paso a su nueva vida porque, dijeran lo que dijeran, esa carta cambiaría su destino a como dé lugar.
***
Por fin había amanecido y podría darle la noticia a sus padres, a sus amigos, profesores y a sus compañeros del conservatorio de música. Les diría a todos un “hasta luego”, sólo sería un par de años hasta que terminara sus estudios en aquel colegio para personas ricas y presuntuosas. Sólo serían dos o tres años máximo y ya volvería a su vida habitual.
—Papá, mamá he decidido aceptar la beca para estudiar ahí. Será divertido—sonrió y los abrazó.
Ella giró hacia la salida con la intención de marcharse camino a la escuela y vio una serie de maletas ordenadas en la entrada. ¿A dónde se iban de viaje?, quizá debería charlar con ellos acerca de los gastos extra y las deudas acumuladas, no quería dejar de asistir toda una semana a la escuela con la intención de trabajar a tiempo completo para pagar ese viaje.
—Oigan, si iban a salir de viaje debieron decírmelo— reclamó mientras acercaba las sillas de la mesa para poder hablar.
—Pero nosotros no nos vamos de viaje, eres tú la que se va.
—Yo no iré a ninguna parte, sólo debo tomar el transporte y listo, estaré en la escuela. El que me cambie de instituto no significa que me deba ir de casa o que me vaya del otro lado del mundo, sólo debo salir a la esquina y tomar el transporte que me llevará hasta allá—dijo con calma mientras regresaba las sillas a su lugar.
Sus padres intercambiaron una mirada difícil de descifrar y fue su padre quien salió corriendo por la calculadora.
—Verás Nay, lo que gastarás en un mes de transportes y comida serán de aproximadamente unos…—comenzó a teclear los números en la calculadora y sonrió—…de unos 4,500 pesos, en cambio hemos encontrado un departamento amueblado cerca de la escuela que cuesta alrededor de 2,000 pesos y con la comida serían unos 3,000 mira—mostró su calculadora y picó con el dedo la cantidad con tres ceros.
—Ok, como digan. Yo debo irme a la escuela—cogió su bolso con una libretita y un lapicero y se fue caminando.
El camino se le hizo más largo de lo habitual, aunque realmente había tardado lo mismo. Pero, caminar como si fuera un día más y caminar hacia tu último día con tus amigos tenían demasiada diferencia uno del otro. Abrazó con nostalgia el bolso y apresuró el paso. Su cabello recogido en una perfecta cola de caballo ondeaba con el viento y sus mejillas se sonrosaban conforme avanzaba.
Cuando por fin llegó a su salón y abrió la puerta una lluvia de serpentinas y confeti la atacaron para abrir paso a sus amigas con una enorme bolsa negra repleta de regalos.
— ¿Qué…qué demonios es todo esto? —preguntó confundida y molesta.
—Tu fiesta de despedida, nos enteramos porque tu madre nos avisó y quisimos hacer algo por ti.
Nahyra no sabía si reír y agradecer o llorar, así que hizo ambas al mismo tiempo y tomó la bolsa de regalos para inspeccionar las cajas de diferentes tamaños y distintos envoltorios. Osos, corazones, notas musicales, papel metálico, moños, todo, todas las cosas que a ella le gustaban estaban envolviendo los regalos.
Se quedó sin palabras y tuvo que cubrir su boca tratando de retomar el ritmo de su respiración.
—Muchas gracias a todos, no se hubieran tomado la molestia pero es agradable. Saber que a todos ustedes les he agradado y que ustedes a mí es el más grande recuerdo que me llevo de ustedes y siento no poder verlos de nuevo.
Todos se quedaron en silencio observándola de manera seria. ¿Acaso había hecho algo mal? Y si así era no sabía qué ni por qué de la nada todos se quedaron quietos y el murmullo cesó.
—No exageres, te seguiremos visitando—clamó su amiga mientras se acercaba a ella para tomarle las manos y entonces Nahyra calló en la cuenta de que no sabían nada acerca del cambio de casa y bueno, ella tampoco se había enterado hasta hoy en la mañana.
—La verdad es que dudo que puedan visitarme tanto como esperan. La verdad es que no sólo me cambiaré de escuela, también me cambiaré de casa—murmuró y todos callaron nuevamente.
Ella comenzó a sacudir los hombros y se cubrió el rostro.
Había estado evitando el llanto desde la llegada de la carta y justo ahora se hacía presente, y en público. Recogió la bolsa de regalos con la bolsa que había llevado en la mañana y salió corriendo hacia los casilleros para poder llorar tranquila y así guardar todas las cosas que estaban dentro de éste.
Fotografías, hojas, recuerdos, todo, absolutamente todo lo arrancó de las paredes y lo arrojó a la basura. No tenía caso guardar esas tonterías. No cuando jamás volverías a disfrutar de esos momentos junto a tus verdaderos amigos.
Sorbió su nariz y continuó su camino hacia la salida.
El último día portando el uniforme color vino de todas las escuelas públicas, su ultimo día viviendo con su familia, su último día en su trabajo. Todo, absolutamente todo llegaba a su fin. Caminó y caminó por mucho tiempo hasta que sus pies reclamaron un descanso y se subió a una banca que encontró en el parque. Seguía llorando y gimoteando aunque estuviera a más de tres kilómetros lejos de sus problemas y recuerdos.
— ¿Qué le pasa señorita? —preguntó una voz melodiosa.
Alzó la vista para reparar en la mirada de preocupación que tenía un joven sobre ella. Sus ojos eran de un azul tan extraño que casi parecían de un tono violáceo y esas gruesas y hermosas pestañas. Se le hizo familiar, no sabía de dónde, pero era alguien a quien ya había visto.
— ¿Te conozco? —preguntó tímidamente y se enderezó. Él le extendió un suave pañuelo para que se limpiara después de tanto llanto y le dio la mano para ayudarle a levantarse—. Oye he preguntado algo.
Dariel sonrió complacido porque ella no lo reconociera y estuvo a punto de soltar una carcajada, pero resistió.
—Probablemente, la verdad muchas personas me conocen—dijo en un tono divertido mientras seguía sonriendo.
— ¿Acaso eres un actor, no, un cantante o quizá el chico del clima de algún noticiero? —entrecerró sus ojos y observó atentamente al chico en cuestión.
Que tonta, no podía darse cuenta de quién era la persona con la que estaba hablando, ni siquiera se daba cuenta de que su uniforme tenía el escudo del reino ¿qué no era obvio?, creía que todos en Kouba lo conocían y bueno, no era por sentirse tan especial ni maravilloso, pero él era inconfundible, ¿cómo es que ella no lo había notado?
—No soy nada de eso pero no importa ahora; lo importante es que te lleve a tu escuela porque pareces tener un uniforme y el estar fuera a estas horas sería riesgoso y más si estás sola—la cogió de la mano y tiró de ella para llevarla a una escuela cercana a la plaza. Trató de meterla en algún  salón hasta que ella le informó que su escuela estaba lejos de ahí.
Siguieron caminando hasta que mejor la llevó hasta su casa. Una calle que tenía casas que se veían viejas y descuidadas. Donde cada tres pasos había alguien pidiendo limosna. Nahyra sacó su cartera y depositó algunas monedas en un trastecito que una mujer alargó hasta ella.
Dariel se quedó sorprendido. Si ella vivía en aquel lugar significaba que no tenía mucho dinero y aun así compartía lo poco que tenía con alguien que seguramente era más pobre que ella.
Continuaron su camino hasta que dieron con su dirección.
—Todo un placer conocerte…
—Dariel Cosustta—complementó él con una risita burlesca al ver su expresión de sorpresa—. El gusto es mío…
—Nahyra Venturi—dijo avergonzada mientras agachaba la mirada.
Él se dio la media vuelta y corrió. La había visto, la había visto y estado con la futura transferida por la beca del concurso. A la estúpida chica que rechazó la oferta de estudiar dentro del palacio. Soltó una maldición y sacó su móvil para marcarle al chofer de la familia real para que lo recogiera en la dirección done se encontraba.
Una chica pobre, perdió ante una chica pobre que recibía una educación tan común, igual que la educación de un plebeyo y aun así pudo derrotarlo —realmente todos lo derrotaron pero él sólo se fijó en el primer lugar—. Se sentía humillado al haber ayudado a esa chica que lloraba en un parque.
¿Por qué lloraba?, la duda asaltó a su mente en cuanto detuvo su carrera. No, no le preocupaba el hecho de que llorara, le preocupaba el hecho de que ella estuviera en su misma clase y peor aún, que gozara del dinero de la familia real para pagarle los estudios. Eso sí que era molesto
Llegó hasta el palacio y entró angustiado abriendo de par en par la puerta y llamando la atención de la servidumbre que llevaba toallas, ropa sucia, ropa limpia, charolas y escobas justo en ese momento.
— ¡Joven príncipe!, usted debería estar justo ahora en la clase de canto ¿qué hace aquí en palacio si su presencia no ha sido requerida? —exclamó una de las criadas que sacudía las enormes cortinas del salón principal.
—Es injusto que me corran—el príncipe hizo un puchero infantil y se dejó caer en el sofá-cama que estaba cerca de la criada. Necesitaba desahogarse por un momento con alguien que no fuera su padre—. Verás, acabo de encontrar  la razón de mi desgracia y no sé qué hacer, incluso la acompañé hasta su casa y charlé con ella.
— ¿Ella?, entonces ha conocido a la señorita Venturi.
—No, a Nahyra.
—Por eso príncipe, Nahyra Venturi—musitó la sirvienta corroborando así, que el príncipe no era la persona más inteligente del universo. Tal y como las cocineras habían informado.
Él se quedó callado mientras lamentaba el inicio de su día, acababa de conocer a su peor enemigo en la faz de la tierra y debía comenzar a tomar clases con ella a partir de mañana. Así que se tomaría un día de descanso para poder digerir tanta información. «Pero ella es pobre» pensó mientras se retorcía sobre el sillón para acomodarse, «sería bueno para ella asistir ahí»
— ¡No! — Gritó asustado mientras se levantaba de golpe y golpeaba uno de los cojines—. Ella no puede estudiar en el mismo colegio que yo—gritó decidido mientras un brillo deslumbrante iluminaba sus ojos y dejaba perplejo a todo el personal de servicio que pasaba justo por ahí.
—Señor—interrumpió una de las personas que barría el gran salón—. Me temo que aquí no puede venir y gritarnos como se le antoje—tomó una escoba y golpeó la punta de sus pies furiosa.
—Joven príncipe—intervino la chica encargada de las cortinas—, pero si piensa arruinar la estadía de esa mujer en su escuela me temo que se verá obligado a dedicarle demasiado tiempo de su día, lo cual indicaría que realmente le importa.
—O tal vez significa que me tomo la molestia de alejarla de mí porque no me importa.
Y con ese gran ánimo se levantó del sofá y salió del palacio.
La servidumbre que presenció todo ese acto ya se había dado cuenta de todo lo que estaba mal con su príncipe, pero esperarían a que lo descubriera por él mismo.
Nahyra inició su turno en el trabajo dentro de la biblioteca pública ordenando todos los libros que se habían quedado dentro de los cestos en el turno matutino. “Fantasía”, “infantil”, “misterio”…fue recorriendo pasillo por pasillo y letra por letra para poner los libros.
—Disculpa Nay ¿ha llegado el libro de Blanca nieves? —preguntó una pequeña pelirroja a la cual le hacía falta uno de los dos dientes frontales.
—Lo siento Gema, pero me temo que Raquel lo ha pedido prestado y no tiene ánimos de devolverlo, te prometo que en cuanto regrese tu libro lo apartaré en un lugar especial sólo para ti—le dio un golpecito en la nariz con el dedo índice y corrió de regreso al pasillo de la literatura infantil para coger otro libro de princesas que pudiera agradarle.
Sí, la sirenita—el cuento adaptado—sería perfecto para ella. Jamás se le ocurriría arruinar la infancia de esa pequeña mostrándole el cuento de Cristian Andersen.
—Ten, aquí tengo uno que te encantará, es mi favorito—dijo esto último a modo de secreto mientras la pequeña se aferraba al libro y algunas páginas se maltrataban de las orillas—. Espero que lo cuides porque tienes una semana para devolverlo—aunque estaba segura que en tres días volvería a verla para que preguntara de nuevo por su preciado libro de los siete enanos.
—Oye Becka, llama a la casa de Raquel porque debe entregarnos un libro desde hace una semana—gritó mientras acomodaba el último libro en la zona de terror.
De inmediato se puso a ordenar el área de la tienda y de los recuerdos y regalos, necesitaba dejar todo en orden antes de irse para poder darle la noticia a la bibliotecaria y a Becka, necesitaba saber su horario para repartir el tiempo entre sus tareas, la escuela y su trabajo.
Antes, todo eso ya estaba arreglado. Entraba a las siete de la mañana y salía diez minutos antes de las dos de la tarde, corría a cambiarse el uniforme en su casa y salía para llegar a la biblioteca y trabajar ahí hasta las ocho de la noche, que era cuando se cerraba para poder hacer su tarea en el tiempo restante. Y no sacrificaría ese horario por una simple escuela de artes.
— ¿En qué piensas Nay? —preguntó Becka una vez que el último lector se retiró de la biblioteca.
—En mi traslado Becka, me cambiaré de casa yo sola, sin mis padres, ¿puedes creerlo?
—Yo sólo escuché por la radio que serías transferida al mismo colegio que el príncipe Dariel, pero no sabía lo de la casa.
— ¿La radio?
—Sí, Kouba es un país en pleno desarrollo y me temo que las noticias que tengan que ver con la realeza se hacen saber como si fueran la octava maravilla—musitó Becka con cierto aire de fstidio.
—Ya veo, pero bueno como te decía, mi papá ya hasta hizo los cálculos para demostrarme que todo saldría más barato si me mudaba.
— ¿O sea que ya no trabajarás por aquí?
— ¡Claro que sí!, así deba de tomar un avión para venir hasta la biblioteca lo haré, este es algo más que un trabajo para mi Becka. Me sería imposible dejarlo pero tendré que hacerlo por un mes, usaré todas mis vacaciones para eso y juro que no volveré a faltar—le entregó las llaves a su amiga y Nahyra se fue directo a casa en el colectivo de las 8:15 pm.
Llegó cansada y sin ánimos de hablar con sus padres, ellos ya se habían tomado la molestia de ir a dejar todas sus cosas a su nueva casa y lo único que permanecía en su habitación era la cama con los postes abarrotados de pegotes de diferentes cosas que a veces salían como promoción en algún producto que compraba con su mamá en el super.
El príncipe, esta mañana el príncipe estúpido la escoltó hasta su casa mientras la tomaba de la mano. No pudo evitar sonrojarse ante el recuerdo y cubrió su rostro con una almohada maldiciendo su ingenuidad y torpeza ante él.
—Hija, ya nos vamos—alertó su padre mientras tomaba un de las últimas maletas y dejaba la casa—, a partir de hoy dormirás en esa casa y nosotros te iremos a visitar cuando podamos.
Ella recibió un papel con la dirección de su nuevo hogar y se montó en un taxi para que le mostrara el camino, ya le daría tiempo de ir a explorar en su nueva colonia y hacerse de amigos. Lo que ahora necesitaba era averiguar qué ruta del colectivo la llevaba hacia la biblioteca pública.
La dejaron frente a un enorme portón blanco que impresionaría a cualquiera que se posara frente a él, incluso ella tuvo que revisar el número exterior para verificar que realmente esa fuera su nueva casa. Introdujo la llave en la cerradura y ésta se abrió para revelar un enorme departamento amueblado que sería el sueño de cualquier solterona millonaria.
Su propio departamento, por fin podría tener su independencia además de poder tener dinero para sus gastos. Era obvio que no le iba a pedir a sus padres otra cosa que no fuera el dinero de la renta porque la beca cubría los gastos de la escuela y ella, con su trabajo, se encargaría de cubrir sus propios gastos.
Sacó su computadora portátil e ingresó a un mapa donde introdujo la dirección de su nuevo colegio y la suya, así podría verificar cuánto tiempo tardaría en llegar caminando. “5 minutos” decían las letras rojas. Salió para comprobarlo y en efecto, sólo debía doblar hacia la derecha en una esquina y ahí estaba, el colegio era su vecino.
Regresó a su departamento y se acomodó en su recámara para comenzar a ordenar todo, pero es que todo ya estaba en su lugar y no hacía falta que limpiara o acomodara algo. Todo se había hecho ya en esa casa.
Revisó el teléfono de la casa y les marcó a sus padres para avisarles que había llegado bien y agradecer el detalle de acomodar todo mientras ella trabajaba.
Estaba a punto de agradecer cuando una mujer de baja estatura y de cuerpo relleno salió de lo que era la cocina y le ofreció unas galletas de bienvenida.
—Muchas gracias, usted debe ser la dueña de la casa—dijo de inmediato Nahyra mientras le tendía la mano para saludarla.
Aquella señora soltó una carcajada y se sobó el estómago.
—No señorita, soy una de las sirvientas de la familia real y se me ha encomendado que cuide de usted mientras siga asistiendo al Special Art College en compañía del príncipe.
Nahyra se quedó sin palabras y estuvo a punto de desmayarse.
—Muchas gracias pero no necesito de sus servicios.
—Dígaselo al rey, él mismo me dio la orden, quizá pueda convencerlo de que me deje regresar a palacio para volver a mis actividades normales con las demás sirvientas.
— ¿Qué ellos no pueden hacer las cosas solos?
—El rey está lo suficientemente ocupado como para detenerse siquiera a quitarle el polvo a su escritorio, pero el príncipe es algo especial— «por no llamarlo torpe» se dijo y regresó con su bandeja de galletas a la cocina—, de todas formas espero que mañana pueda resolver todas las cosas antes de irse al colegio. Le recuerdo que sus clases comienzan mañana y en la oficina del director le darán su horario, uniforme y útiles escolares—hizo una reverencia y se fue a un pequeño cuarto que estaba a un lado de la cocina.
Exploró el departamento y en la mesa del comedor, justo a un lado de un cesto con frutas falsas, se encontraba una nota con las iniciales de la familia real. Decidió dejarla donde la encontró para leerla en cuanto se levantara mañana por la mañana.
La sirvienta comenzó su día ordenando los trastecillos de plástico que le habían mandado ayer para que Nahyra pudiera llevar un almuerzo decente al colegio en su primer día. Seleccionó uno en forma de manzana y lo relleno con rodajas de pepino con limón y sal. Un almuerzo ligero porque no pasaría mucho tiempo dentro de la escuela.
Subió a la habitación de la nueva estudiante y tocó un par de veces hasta que por fin logró despertarla, de inmediato la llevó hasta la bañera y se encargó de acomodar la habitación de Nay con la intención de que todo quedara limpio para cuando ella regresara.
Nahyra desayunó todo lo que la sirvienta preparó y tomó la lonchera floreada que estaba en la barra de la cocina.
—Muchas gracias, el desayuno estuvo esquicito—musitó mientras se retiraba con una sonrisa directo a lo que de hoy en adelante sería su primer día en el Special Art College.
Se quedó observando el portón enorme que se abría por secciones y pasó al interior, revisó su bolso y hurgó en búsqueda del croquis que había guardado la noche anterior. El bolso se había quedado en casa de sus padres con todas las cosas ahí dentro, ahora tendría que pedir indicaciones para llegar a la dirección para que le dieran su nuevo uniforme y así poder comenzar las clases dentro de unos hermosos salones que por fuera parecían incluso más lujosos que su actual departamento.
Estuvo esperando a que algún estudiante se apiadara de ella para mostrarle el camino correcto. Por lo menos ahora ya sabía dónde encontrar los baños, el comedor y el teatro; pero el tiempo para verse con el director se estaba acabando y no quería dar una mala impresión en su primer día.
Cada vez que ella caminaba y trataba de pedir indicaciones los estudiantes la miraban de arriba a abajo y murmuraban duras críticas sobre su vestimenta, quizá en su antigua escuela no le habría importado, pero ahora era diferente porque era la pobre en una escuela rellena de niños ricos.
Dio la vuelta dispuesta a retirarse mientras sentía cómo las lágrimas escocían detrás de sus párpados, no soportaría ningún insulto más antes de ponerse a llorar de impotencia. Siguió corriendo hasta que golpeó a alguien con el hombro y tuvo que detenerse a ofrecer disculpas.
—En verdad lo siento, es que estoy buscando la oficina del director para que me de mi uniforme y…
Por poco Dariel pasa por alto la presencia de aquella chica que desvergonzadamente estaba dirigiéndose a él como si fuera un chico más dentro de la institución. Tuvo que hacer acopio de todo su esfuerzo para poder reconocer el rostro de su eterno rival de ojos verdes que ahora llevaba unas prendas extrañas cubriendo su cuerpo.
Ese día se había arreglado con una media coleta sujetada con dos trencitas, lo cual la hacía completamente irreconocible, era como una especie de camuflaje femenino para atacarlo cuando menos se lo esperara. Se quedó meditando si ayudarla o no, pero la lástima y su “gran bondad” lo hicieron decidirse por obrar bien con aquella chica.
—Nahyra, sólo dirígete al teatro y a mano derecha está la sala del director, aunque seguramente no sepas cuál es el teatro…da igual sígueme—se puso a caminar hasta llegar a la dirección.
— ¿Siempre tienes esta clase de monólogos?
El príncipe se sintió ofendido y dio la vuelta indignado.
—No puedo creerlo, ¿no sabes lo que es un monólogo? —gritó Nay mientras lo señalaba con incredulidad.
—No tienes derecho a señalarme ni a levantarme la voz…
—Aquí tú no eres un príncipe, eres un estudiante como cualquier otro, incluso igual que yo.
—Claro que no, tú y yo somos muy diferentes—picó el abdomen de Nahyra y se alejó con la mochila colgando de lado.
Nahyra no le prestó mucha atención ni le dio tanta importancia a esa discusión y se introdujo a la oficina del director.
Lo primero que percibió al entrar a la oficina fue la vitrina llena de trofeos de diversas cosas, todos tenían un enorme “#1” grabado en ellos. No existía un trofeo de segundo lugar o una medalla de “gracias por participar”, todas y cada una de las competencias habían sido ganadas por los estudiantes de la Special Art School.
El director se acercó sigilosamente colocándose detrás de Nay y le pegó el susto de su vida. La había visto contemplando todos los premios dorados así que no dudó en gastarle una broma para darle la bienvenida.
—Nahyra Venturi ¿no?, te estaba esperando porque debo asistir a una reunión importante con el profesor de música y no tengo demasiado tiempo para darte tu pequeño discurso de inducción. Así que te será asignado un guía escolar para que te acostumbres a la escuela en esta semana
»Puedes pasar con las secretarias o con un consejero escolar para que te den tu horario, uniforme y materiales escolares. Ahora mismo está en camino tu guía, quien te llevará a la clase de actuación para que experimentes lo que es estudiar en el SAC.
El director se fue y sacó a Nahyra para que se encontrara con una chica rubia de estatura baja y con un pequeño morral colgando a un lado que le daba el aspecto de un enanito salido de un cuento de hadas.
—Hola, soy Nahyra Venturi…
—Ya lo sé—farfulló molesta y se fue caminando con la intención de que Nay comprendiera que debía seguirla— ¡date prisa! —gritó exasperada al ver que aquella chica seguía parada mirándola con una mueca estúpida.
Nahyra la siguió rápidamente hasta que llegaron a una especie de teatro pequeño donde todos se encontraban vestidos como fenómenos de circo. Habían trapecistas, payasos, el maestro de ceremonia, los elefantes…había todo un circo en ese diminuto espacio.
Se quedó observando a todos los actores y de vez en cuando soltaba alguna risita con un chiste contado por uno de los payasos. Gritó de emoción y éxtasis cuando los trapecistas aparecieron haciendo sus piruetas en el aire arriesgando su vida por eso. Disfrutó con la hermosa interpretación de unas chicas que se envolvían en tela y bajaban y subían de formas diferentes y hasta se olvidó de que esa era su clase de actuación.
— ¡Hey muñeca, te necesitamos en el escenario! —gritó el profesor haciéndole señas a Nahyra.
Ella se puso de pié de un brinco y corrió escaleras abajo. La necesitaban, esa era su oportunidad para descubrir su verdadero talento.
— ¿Para qué eres buena? —  preguntó y Nay se detuvo en seco meditando su respuesta.
El canto, era buena en eso pero seguramente otras tres personas también lo eran, era buena con la música…pero si todos estaban en una escuela de arte era de suponer que por lo menos más de la mitad del grupo tocara ya alguno. No se le ocurría algo para lo que fuera buena o por lo menos algo digo de considerarse una “habilidad” porque era obvio que aguantar la respiración por casi un minuto no era una habilidad que pudiera ser aprovechada.
—Necesito tu respuesta para esta semana, si no me la das no podré incluirte en mi clase y daremos de baja esta materia, quizá en el verano puedas recuperarla.
Ella asintió y salió lentamente con la pregunta rondando por su cabeza “¿Para qué eres buena?” No lo sabía, pero debía averiguar cuál era el talento que la distinguía de los demás.
—Tu siguiente clase es música clásica, te llevaré a tu salón—murmuró la chica pequeña frunciendo el ceño con “enojo” tatuado en el rostro.
Nahyra rechazó su ayuda y corrió en busca de su salón. El 711C era el lugar donde debería tomar la clase, pero volteara a donde volteara sólo encontraba el 400, 401 y así, pero ningún 700 que la orientara. Estuvo buscando el salón hasta que se topó con un chico de cabello castaño, extremadamente alto y delgado, los ojos en un tono verdoso y largos dedos, como los dedos de un pianista.
—Por favor ¿podrías decirme dónde se encuentra el aula de música clásica? —preguntó nerviosamente mientras picaba lentamente su brazo.
—Claro, vamos—le ofreció una cálida y fresca sonrisa, le tendió la mano y se fueron tomados de las manos hacia el salón correcto.
Por fin alguien se había animado a ayudarla sin juzgar su vestimenta o hacer alusión al hecho de que ella era pobre y estaba becada por el rey. Quizá no todas las personas ricas y pomposas eran así de crueles, después de todo encontró a alguien que quizá sí tenía el dinero para pagar la costosa colegiatura de esa escuela pero que no se limitó a barrerla con la mirada mientras hacía comentarios de mal gusto como el príncipe o como aquella joven minúscula que mascullaba entre dientes ciertos insultos hirientes. La había ayudado e incluso la estaba guiando hasta el salón.
—Que suerte tengo, también tengo clase aquí—ambos abrieron la puerta y todas la miradas se desviaron a sus manos entrelazadas.
— ¿Podemos pasar? —preguntó Nay tímidamente mientras soltaba de forma lenta la mano de su acompañante.
—Adelante—indicó el profesor y los os tomaron los asientos en la última hilera.
La clase continuó como una clase normal en la escuela pública, «era como hablar de historia e incluso de geografía, lo único extraño era que no todos sabían cosas sobre el renacimiento o sobre la ubicación de un país sobre un mapa ¿acaso no les enseñaban esas cosas en una escuela por la que pagaban una millonada?» Pensaba mientras guardaba sus pocos útiles en la bolsa que le dieron las secretarias; cuando por fin levantó la vista se dio cuenta de que nuevamente estaba sola y perdida. Tardaría demasiado en acostumbrarse a su nuevo horario.
Antes en su escuela pública las materias eran estadística, matemáticas, español, geografía…había de todo un poco y ahora era actuación, danza, música, laboratorio de música, canto, solfeo…todas eran orientadas al arte y no daban ninguna clase de conocimiento general. Incluso el profesor la felicitó frente a todos por tener esa clase de conocimientos “privilegiados”.
Caminó por todas partes sin dar con su salón, hasta que a lo lejos observó una figura masculina igual a la del chico que la ayudo. Corrió desesperada y se lanzó para tomarlo de la mano, después de todo ya lo había hecho y esa persona le caía bien aunque ni siquiera se habían dicho sus nombres.
—Hola, muchas gracias por ayudarme—musitó y lo encaró para preguntarle su nombre.
Las palabras se atoraron en su boca porque a quien sostenía de la mano no era al chico castaño. Era un joven rubio con ojos azules que casi parecían morados al verlos contra la luz. Era el príncipe, ¡estaba sosteniendo la mano del príncipe y él no hacía el intento de alejarla!
—Katherine, hola, oye necesito que me hagas un gran favor—al parecer el idiota no se había dado cuenta de quién era y ella prefirió agachar la cabeza para evitar que reconociera su rostro.
—Si—musitó quedamente.
—Hay una chica nueva, la becada, necesito que te hagas amiga de ella para que no esté sola.
Nahyra se sonrojó tanto que temió que su cara estallara. Las piernas le temblaban y las manos también.
—S…s…s—no podía decir algo coherente ¿había algo más humillante?
— ¿Perdona Kate?, no te entiendo—rozó su barbilla con los dedos y alzó el rostro de Nay para verla de frente.
— ¡Suéltame! —espetó Nahyra y salió corriendo hacia donde ella suponía que estaban los baños. Sin duda alguna ese había sido el inicio del peor día de su vida y lo pero era que aún le faltaban cuatro horas para salir de ahí.
Dariel estaba que no lo creía, había sujetado la mano de esa campesina y había confundido a su mejor amiga con ella. Debía ofrecerle disculpas a Kate una vez que la encontrara. Ella era una futura actriz ¿cómo pudo confundirla con una plebeya?, pero era obvio, tenían ciertos rasgos en común.
Ella llevaba las dos trencitas sujetando el resto de su cabello cobrizo simulando una media coleta y sus enormes y expresivos ojos verdes delataron que a quien menos esperaba ver era a él.
Por fin había encontrado algo con qué fastidiarla sin que él se viera perjudicado en el acto. No soportaba su presencia. La respuesta era ayudarla en todo porque no lo soportaba, no había mejor venganza que esa.
Soltando una risa malvada fue a buscarla, deseaba ver ese rostro en un par de semanas. Una vez que por fin se hubiera vuelto indispensable para ella.
Quizá debería mandarle comida todos los días, comida con ingredientes finos cosechados por los campesinos que araban la tierra en el palacio, o quizá le agradara más la comida de algún restaurant caro al que nunca haya podido ir. Debía investigarla más para poder realizar un buen trabajo con ese maravilloso plan.
Las clases terminaron y el príncipe se quedó afuera de la escuela esperando a Nahyra Venturi. Estaba decidido a arruinarle la estancia en el Special Art College así costara lo que costara, y si sacrificar un poco de su tiempo significaba arruinar el camino hasta su casa, seguro que lo haría.
La pudo ver a lo lejos hablando con una chica semi pelirroja, su cabello era de cierto tono anaranjado cuando le daba la luz, pero la cabellera cobriza de Nahyra sobresalía aun más entre la multitud.
— ¡Venturi, Venturi! —gritó Dariel dando saltos para que lograra verlo entre todas las personas que pasaban corriendo, hablando o riendo de un lado para otro.
—Wow, te está hablando el príncipe Nahyra, hasta salta para reconocerte—se burló Iris.
—Ay no, vamos por aquí—tomó del brazo a Iris y salió corriendo hacia una de las salidas traseras, no tenía ganas de verlo.
Dariel observó cómo corría, así que decidió correr detrás de ella—aunque podía esperarla en casa, pero nunca se le ocurrió—, para evitar que escapara y se saliera con la suya.
Llegó hasta donde estaba Nahyra y tiró de su cabello haciendo que callera y se raspara las piernas.
— ¿Te encuentras bien? —preguntó mientras le temblaban las manos.
—Si sangrar significa estar bien, sí, he de estar de maravilla—musitó y revisó sus rodillas.
Una enorme herida se abría paso en ambas piernas. Dariel estaba viendo y no pudo evitar sentirse culpable.
—Todo esto es mi culpa—murmuró porque no sabía cómo pedir disculpas.
— ¡Claro que es tu culpa!, si creías que te diría que no, estás muy equivocado, eres el único culpable de que mi pierna esté sangrando—señaló su rodilla batida en sangre y el príncipe la tomó en brazos sin darle tiempo de reaccionar y echó a correr hacia la dirección opuesta en busca de ayuda.
—Disculpa, te llevaré con el médico del palacio—se montaron en una limusina y fueron trasladados hasta el palacio— ¡Por favor, alguien lleve a esta chica con el médico! —gritó y dejó a Nahyra en un sillón con un cojín debajo de las piernas para evitar que manchara la fina tela del mismo.
De inmediato un par de señoritas bajaron corriendo y se la llevaron a una serie de puertas hasta que encontraron la indicada.
Dariel tenía ganas de ir con ella pero sería ridículo y molesto el hecho de acompañarla cuando fue él mismo quien causó el accidente.
— ¿Qué es todo este alboroto príncipe Dariel?, te he dicho que hoy tendría una reunión muy importante con los Secretarios de Estado y tu comienzas a alborotar todo el salón—inició su padre mientras le llamaba la atención desde el tope de las escaleras que iban directo a su despacho.
—Lo siento, he traído a Venturi…a la chica becada a casa, creo que se encuentra grave—murmuró avergonzado mientras pasaba su mano por el cabello en un acto de desesperación e incomodidad. Nunca le había hablado de alguna chica que estuviera en casa a su padre, y ahora no le apetecía dar más explicaciones que las necesarias.
—Espero que se recupere en cuanto termine la reunión, porque necesitaba verla, te me has adelantado—sonrió con satisfacción y se introdujo en su habitación nuevamente.
Ahora sí estaba perdido. Había lastimado a una mujer, su padre sabía del accidente y peor aún, el rey quería hablar con Nahyra sin su presencia.
Nahyra luchaba contra el médico para que no le aplicara el alcohol en las rodillas y en un acto de desesperación lo golpeó en la entrepierna haciendo que éste se doblara y saliera del pequeño consultorio solicitando ayuda. Tardaron un par de minutos en llegar sus asistentes, aunque entre ellos estaba Dariel Cosustta pero prefirió ignorarlo.
El médico se acercó nuevamente con los algodones remojados en ese líquido desinfectante y se acercó peligrosamente a ella.
—No quiero, no quiero—exclamaba y se retorcía para evitar el contacto con el algodón—, me va a arder.
—Déjenla, yo me encargo—ordenó Dariel logrando que todos giraran a verlo y le dirigieran una mirada de complicidad.
—Como ordene su majestad—reverenció el médico junto con sus ayudantes y todos salieron para dejarlos solos.
Dariel tomó los algodones que habían estado ya en el suelo y los acercó hacia Nay.
— ¿Acaso quieres que me enferme?, esas cosas estaban en el suelo, ya no sirven—dijo Nahyra molesta mientras observaba con cautela cada movimiento del príncipe. Él no le iba a poner ni un solo dedo encima.
Dariel buscó una bolsa con aplicadores de punta absorbente y los sumergió en el alcohol. Se acercó a Nahyra y esquivó cada golpe arrojado por ella.
—Eres muy fuerte y rápida, deberías utilizar tu fuerza para alguna actividad física. Jamás serías buena para la música—murmuró Dariel tratando de distraer a Nahyra para aplicarle el líquido en la herida. Y estaba funcionando.
Nahyra soltó un grito de dolor mientras sacudía la pierna para que Dariel la liberara. El sentir ese líquido quemando en su piel la hacía soltar algunas lágrimas de dolor.
—No seas infantil, todos nos hemos raspado las rodillas alguna vez.
— ¿Raspar?, por poco creí que necesitaría algunos puntos ¿en qué diablos estabas pensando cuando tiraste de mi cabello?
—Necesitaba traerte al palacio para que mi padre hablara contigo—mintió y terminó de vendar ambas heridas, se agachó un poco hasta estar a la altura de la herida y besó ambas rodillas en un acto de paternidad.
— ¡¿Qué haces?! —exclamó Nahyra poniéndose más roja que la sangre en los algodones y más nerviosa que nunca, ¿cómo se había atrevió a besarle las rodillas?, el hecho de haberle permitido que la curara no significaba que debía hacer eso.
—Creí que eso… ¡NO! —gritó haciendo eco en el palacio y alarmando a los sirvientes.
— ¿Qué sucede? —interrumpió diciendo uno de los ayudantes que había visto ahí dentro.
—Dile a ella que se aleje de mí, llévatela con mi padre—ordenó Dariel de inmediato y huyo de la habitación con el corazón agitado y las piernas temblando.
¿Ahora cómo la haría sufrir después de eso? Era obvio que jamás en su vida se le volvería a acercar y sinceramente esperaba que ella no lo intentara.
Nay subió hasta la oficina del rey donde fue recibida por las miradas de todos los secretarios haciéndola sentir incómoda.
—Adelante, te estaba esperando—se volteó para hablar con los demás hombres y agregó—: Permítanme un par de minutos.
Ambos salieron y la llevó a otra habitación donde sólo estaba una bandera de Kouba detrás de una enorme vitrina de cristal y un escritorio de madera fina teñido de rojo.
—Mire señorita Venturi, usted es la única persona que conozco que se ha codeado con la elite de Kouba y con la realeza de la misma, además de que me han informado que hoy usted ha destacado por su conocimiento en distintas áreas fuera del arte.
»Es por eso que le pido por favor que lea la nota que fue dejada en su mesa y me diga su opinión acerca de eso, muchas gracias por su atención.
Le ofreció la mano y Nahyra la estrechó como si acabaran de cerrar un trato.
—Me debo ir a casa…—musitó Nahyra tímidamente.
—No te preocupes, una limusina te llevará.
Fue a esperar donde le indicaron hasta que por fin pudo subir a ella y la dejaron en casa. Por fin estaba sana y salva fuera del palacio y tan siquiera con una sirvienta con la que podría platicar.