Las siete de la
mañana, la hora indicada para ir al colegio, obviamente el más caro de todo
París. Hoy por fin mi padre me dejará salir sola de compras, creo que tiene
miedo de que me gaste toda la tarjeta de crédito.
Recuerdo la última vez que salí sola de compras,
mi padre terminó con una deuda de casi diez mil dólares, pero toda la culpa es
de Pauline, mi mejor amiga, si ella no me incitara a comprar no habría problema
alguno, sin embargo eso no es así, Pauline es la típica chica que tiene dinero
pero no lo gasta sola, está obsesionada con los zapatos, tiene alrededor de un
par para cada día del año, es la envidia de todas las chicas del instituto
excepto yo.
Al contrario de Pauline, soy algo introvertida y
no hago amistad con cualquiera que esté fuera del círculo social de mi familia.
Pero en fin, hoy es mi gran día, después de mis
clases en la universidad Saint-Germain-des-Prés. Acordé con Pauline que
esperaríamos a que la limusina de mi padre llegara a recogernos e iríamos cual
locas a comprar lo último en moda, he estado esperando este día toda mi vida,
me compraré los vestidos de las pasarelas de Yves, Chanel, Louis Vuitton,
Prada, Etro, Burberry, etc…podría seguir nombrándolas. Así es, como ya se
imaginarán, soy una adicta a la moda, mi madre trabaja para la revista Haute
Couture y mi padre es el Presidente de “Meilleur Mode” alias “M&M”, si,
como los chocolates.
—El desayuno está preparado señorita— ha indicado
la sirvienta—baje antes de que se enfríe.
— ¡Allá voy! — grito molesta con ella, aunque
alegre por mi gran día.
Al bajar veo la mesa tendida con toda la comida
sobre ella, primero mi vaso de jugo de frutas, la sirvienta acostumbra hacerme
de fresas ya que es mi fruta preferida, aunque a veces lo haga de naranja o
mandarina por falta de tiempo. El desayuno de hoy consta de:
·
Jugo de frutas.
·
Ensalada de frutas o de verduras, aunque
yo no la como y siempre termino dejando todo a medias y por eso me castigan.
·
Mi sopa o algún caldo con verduras.
·
Una taza de café o té.
·
Pan, pastel o cualquier otro postre
con harina.
Y
siempre es la misma rutina, excepto hoy, este día sería especial.
Llegué antes de lo planeado a la escuela y nadie
estaba en el salón; por lo que tuve que acomodar las bancas y barrer el piso
— ¡Iug! — exclamé al tocar un chicle pegado debajo
de una de las bancas, se me quedó en la mano, tenía pelos y basura de lápiz
mezclados en esa…esa cosa— que asco— dije en voz alta aunque sabía que nadie
podía escucharme.
—Hoy no hay clases pequeña, se supone que iría de
excursión tu grupo— dijo una voz fuera del salón.
Salí a ver quién era y me topé con mi asesora de
grupo.
—No lo sabía—dije preocupada.
—No me extraña, si no estuviera hablando en todas
las clases con Pauline hubiera puesto un poquito de atención— reprochó— ahora
me temo que le hablaré a su padre para que vengan a recogerla.
— ¡No!, es decir, no es necesario, alcanzaré a los
chicos en la excursión, ¿Dónde se encuentran? — pregunté intrigada del lugar y
angustiada por que mi padre no se enterara de esto.
—Están en el edificio de Meilleur Mode señorita
Boucher— dijo con una sonrisa en su rostro.
Maldita, ella sabía que es la empresa de mi padre,
ahora si me ve llegando tarde me matará, literalmente, y no me dejará ir de
compras, no lo puedo permitir.
Salí al estacionamiento en busca de la limusina
para que me llevara al trabajo de papá, pero no estaba ahí, hoy después de todo
no iba a ser un día tan perfecto.
Fui a las bodegas a ver si había algún camión o
algún transporte para los que nos quedamos, pero nadie estaba ahí, no puede ser
tan malo, alguien se tuvo que haber quedado aquí también, no puedo ser la
única.
Fui a la parada de enfrente para tomar un taxi,
<<mi bolso se quedó en la limusina, mi dinero, esto no puede estar pasando>>
pensaba mientras caminaba.
¿Por qué a mí?, ¿Por qué justo hoy se me tuvo que
olvidar la salida?, esto no puede empeorar.
Un consejo, nunca digan “esto no puede empeorar”,
porque sí puede.
Ahora está lloviendo y yo estoy en la banqueta
mojada de pies a cabeza y sola frente a mi escuela
— ¿Quieres que te lleve? — dijo un chico que
estaba a mi lado estacionado.
— ¿Tan mal me veo como para causar lástima? —
pregunté triste.
—Algo, ahora te llevo o no— dijo con displicencia.
—Prefiero que me arrolle un auto antes de permitir
que me lleves—respondí.
—Como gustes—dijo antes de arrancar en su auto,
pero como estaba en rojo el semáforo, no avanzó mucho.
Me levanté para regresar a casa caminando cuando
una motocicleta pasó rápido sobre un charco en la orilla de la banqueta
salpicando toda el agua sucia hacia mí, ¡maldición!, hoy si que no puede
empeorar mi situación.
— ¡Estás feliz! —grité al cielo, estaba furiosa y
no sabía cómo desquitar mi ira, así que eso fue lo único que se me ocurrió.
—La verdad si— respondió alguien detrás de mí,
giré lentamente para ver quién era y para mi nada grata sorpresa era aquel
chico que me vio en la banqueta.
— ¡Piérdete! —dije indignada, molesta, avergonzada
y demás emociones que se me juntaron en ese momento, estaba al borde de las
lágrimas.
—La oferta sigue en pie, si quieres tomarla…
—Gracias— musité.
—No es nada, pero creo que me debes una
disculpa—dijo mostrando una sonrisa.
—Eso nunca, no estoy tan mal para bajar la guardia
de esa manera— respondí como la persona que mis padres me enseñaron a ser ante
los demás.
—Ya lo veremos—dijo mientras abría la puerta para
introducirse en el auto y me dejaba parada fuera de éste.
— ¿No piensas abrirme?
—No, tienes manos ¿cierto?, creo que puedes abrir
una simple puerta—abrí la boca para repelar pero esta vez no tenía forma alguna
de vencer.
Una vez dentro del coche comencé a pensar en una
excusa lo suficientemente coherente para mi padre.
— ¿En qué estas pensando? — preguntó aquel chico.
—No debo responder, ni siquiera te conozco.
—No, pero estas en mi auto, así que creo merecer
una explicación de lo que te sucedió.
—Me quedé retrasada en una excursión, mi bolso se
me olvidó en la limusina de mi padre, no habían transportes en mi escuela, no
llevo dinero porque estaba en mi bolso por lo que no pude tomar un taxi ni un
mugre camión, está lloviendo y no tengo ropa para cambiarme, la excursión es en
la empresa de mi padre, un hombre en motocicleta me salpicó agua sucia en toda
mi ropa y veamos ¿Qué más me paso hoy?, ah sí, ahora estoy charlando con un
extraño en un coche— musité enfadada.
—Ya veo, tu vida es una desgracia—admitió.
—Gracias— dije con sarcasmo.
—Perdona, pero ¿Cómo te llamas? — interrogó.
—No te diré— refunfuñé.
—Intento ser amigable, pero si no quieres…
—Pues de hecho no quiero, creí que era evidente—
contesté.
—Muy bien señorita arrogancia, si no me dices tu
nombre creo que te llamaré…Yves— culminó sonriente.
— ¿Yves? ¿De verdad me llamarás Yves?, debe ser
una broma— expresé.
—Sí, ya que no me dices tu nombre, me quedo con el
de la marca de tu vestido— mis mejillas enardecieron ante su confesión. Se
había fijado en mi ropa.
— ¿Me dirás tú tu nombre? — indagué.
—No, nombre por nombre, es un buen trato— formuló.
—No me parece justo… espera ¿a dónde vamos? —
musité dándome cuenta de que no le había dicho a dónde iba.
—A mi casa, ya que no me dices a dónde te llevo,
yo voy a mi destino.
—Oye, necesito regresar a la excursión, ¿me
llevas? — dije tratando de ser amable.
— Y dónde es la dichosa excursión.
—En Meilleur Mode— mascullé molesta.
—Una empresa de moda, será interesante.
Recorrimos casi quince minutos en el auto de aquel
chico y aún no llegábamos, mientras me secaba en la parte de atrás escuchaba la
música de mi iPod que llevaba en la bolsa de mi abrigo con mis auriculares y
tarareaba “the book of love”.
—Que bien cantas— bromeó mi acompañante e hice
como si no lo escuchara— claro, no quieres hablar— y regresó su vista hacia la
carretera.
Aún no llegábamos y ya estaba a punto de terminar
el recorrido, si mi padre no me veía para cuando entraran en su oficina, ahora
sí estaría muerta y mi día se arruinaría por completo.
—Llegamos— advirtió el chico.
Salí de su auto.
—Gracias— musité haciendo una pequeña reverencia
—No fue nada, nos vemos pronto—cerró su puerta y
arrancó en el auto.
Corriendo y con mi vestido arrugado y sucio me
introduje en la empresa, subí en el elevador hasta llegar al piso de la oficina
de mi padre y esperé hasta ver a todos reunidos ahí.
Pasaron cerca de tres minutos cuando el elevador
se abrió con Pauline abordo y con una sonrisa al verme me recibió.
— ¿Dónde has estado?, espero que con algún chico
lindo— insinuó con una sonrisa.
—Sí, me revolqué en el lodo y después ni tiempo me
dio de arreglarme para que mi padre no se diera cuenta— dije con sarcasmo.
— ¿De
verdad? — preguntó contrariada por mi comentario.
— ¡Claro que no!, solo se me pasó lo de la salida
y un chico… ¡No me dijo su nombre! — dije más para mí que para Pauline.
— ¿Te metiste con un chico y ni siquiera sabías su
nombre? — preguntó nuevamente.
—Ya te dije que no me metí con nadie, sólo se me
olvidó la maldita excursión y llegué tarde, me pasaron mil desgracias en mi
trayecto y un chico DEL CUÁL NO SÉ SU NOMBRE— recalqué— me trajo en su auto.
—Qué pena, pero llegas a tiempo, no he visto a tu
padre, que suerte tienes— << ¿Suerte?, ¿Qué te pasen mil desgracias es
suerte?>> pensé.
—Al menos no todo está arruinado—murmuré antes de
entrar a la oficina de mi padre con el resto del grupo.
Mi padre nos explicó todas las funciones de su
empresa, nos habló de moda, de todo lo que él hacía ahí y la mejor parte, de
todo lo que gana en un día normal de trabajo. Lo sé, mis padres tienen el mejor
trabajo del mundo en el mejor lugar del mundo.
Hubo un momento de la charla en el que se me quedó
viendo, a juzgar por su mirada diría que estaba sorprendido por mi aspecto.
Al pasar por un cristal del edificio me vi
reflejada y daba pena o tal vez asco. Mi cabello estaba esponjado y lleno de
hojas secas ¿de dónde salieron las hojas? No importa, mi vestido parecía sacado
de un basurero y mi rostro tenía manchas de mugre, me veía fatal, creo que ni
en mis peores momentos me he visto así. Ahora que lo pienso, pobre del chico
que me trajo, de verdad debí dar una primer mala impresión pero lo bueno es que
jamás lo voy a volver a ver.
Salimos del recorrido por la empresa y nos
dirigimos de regreso a la escuela. Pauline trató de no hacer algún comentario
alusivo a mi mal aspecto, pero a juzgar por su rostro explotaría de risa en
cualquier momento por mi imagen. Y así fue, la risa estalló en cuanto bajamos
del transporte.
—Es que no puedo creer que estés así y peor aún,
que un extraño te haya traído— dijo entre risas.
—Yo menos, pero ya se pasará todo, ahora iré a mi
casa a cambiarme y te veo en el centro comercial— culminé y fui hacia la
limusina que ya me esperaba.
—Cambio de planes, vamos a casa— ordené al chofer.
—Como ordene señorita— dijo sin chistar y continuó
de camino a casa.
Al entrar la sirvienta estaba acomodando la mesa
para la comida “familiar” sin mi padre obviamente ocupado por su trabajo, por
lo que sólo mi madre y yo estábamos en la casa, salvo por las personas de
servicio.
—Hola cari… ¿Qué te ha pasado?, ¿Alguien te
asaltó? — dijo realmente asustada.
—Hola mamá, te vez bien y también me da gusto
verte— contesté con sarcasmo.
—Lo siento Serene, pero de verdad te ves fatal.
—Lo sé, y es una larga historia que no puedo
contar por falta de tiempo, saldré con Pauline y solo vine a cambiarme de ropa
y a ducharme.
— Entonces no te distraeré más, sube a hacer lo que
tengas que hacer y listo, puedes irte— por fin entendió que no tenía ganas de
hablar.
Subí a bañarme y a arreglarme para ir al centro
comercial, elegí un vestido corto de Versace y fui hacia la limusina.
— ¿Lista señorita? — preguntó el chofer.
—Seguro, ahora no parezco vaga ¿Verdad? — pregunté.
— Claro que no señorita, ahora si no se le olvida
nada, nos vamos.
Condujo hasta dejarme en la puerta del centro
comercial.
—Llámeme media hora antes para venir por usted—
indicó.
—Por supuesto, dígale a mi padre que tengo una
buena explicación por lo que vio.
—Como ordene, con su permiso— arrancó el auto y se
alejó de aquel lugar.
Caminé hacia el interior y me quedé boquiabierta,
todas las marcas en un solo lugar y dispuestas a que yo comprara en ellas y encantada
lo haría.
— ¡Serene! — gritó Pauline para llamar mi
atención, pues estaba embobada viendo todas las tiendas que me rodeaban—
¿Lista? — dijo mostrando su tarjeta de crédito.
—Por supuesto.
Y nos adentramos al mundo de las compras, dábamos
vueltas por aquí y por allá, comprando desde ropa interior hasta accesorios que
tal vez jamás usaríamos, pero nada importaba, hoy era nuestro día.
Agotadas por tanto comprar <<sí, comprar
también cansa>>, decidimos entrar a comer a un Mc Donald’s que estaba
dentro del centro comercial.
Estaba a punto de sentarme cuando alguien jaló mi
silla y caí de sentón en el suelo.
— ¡Perdona! No me fijé ¿Te encuentras bien? — dijo
una voz del otro lado de mis cosas nuevas regadas en el piso.
— No idio… ¿tú?— exclamé.
Del otro lado estaba el rostro del chico que me
llevó a la excursión, esto no me puede estar pasando.
— Hola Yves, veo que ahora eres ¿Versace? —
preguntó sonriendo mientras mi amiga me observaba boquiabierta.
— ¡Piérdete! — grité metiendo furiosamente las
cosas a sus respectivas bolsas.
—Déjame ayudarte con eso— dijo mientras empacaba
otro tanto de mis pertenencias— esta vez no me des las gracias Versace.
— ¿De qué rayos hablan? — dijo Pauline totalmente
fuera de lugar por aquella situación tan extraña.
— Mi nombre es Ferdinand Cordier— dijo aquel chico
tendiéndole la mano a mi amiga—conocí a Versace justo hoy en la mañana.
—Soy Pauline la amiga de “Versace” — dijo
sonriente mientras yo seguía metiendo cosas.
—Mucho gusto, veo que tu amiga siempre anda con
mala suerte.
—Nunca le pasan estas cosas, pero hoy no es su
día— musitó Pauline.
—Gracias por la ayuda FERDINAND— dije recalcando
su nombre pero no tengo tiempo para quedarme a conversar, fue un gusto verte de
nuevo, si nos permites…
—Déjame invitarte unas papas o algo para compensar
todo lo de hoy ¿Si? — musitó esperanzado a que aceptara.
—Encantadas— se adelantó Pauline.
— ¿Ahora si me dirás tu nombre? — me preguntó.
—No, me quedo con mis marcas— contesté esperando a
que Pauline entendiera que no tenía ganas de seguir con esto.
—Como gustes preciosa…
— ¡SERENE!, me llamo Serene, no me vuelvas a decir
Preciosa por favor— confesé.
—Serene no está mal tu nombre, sin embargo yo me
quedo con preciosa— me guiñó y fue por la comida.
— ¡Qué lindo!, preséntamelo— dijo Pauline.
— ¿Estás loca, ciega, bizca o mal de la cabeza?,
no es lindo, es molesto y creo que él ya se tomó la molestia de presentarse.
—No, tú estás mal, él es lindo podría pasar por
modelo y eso explicaría su buen ojo para las marcas además de que es amable y…
—Arrogante— complementé— es alguien desagradable
para mí y no pienso quedarme aquí por más tiempo.
— ¿Por qué no te negaste a la comida entonces? —
preguntó Pauline con una estúpida sonrisa de insinuación en su rostro.
—Porque eso se llama cortesía y educación—
respondí sin dar más detalles.
—Entonces, si está disponible iré por el— confesó
Pau.
—Como gustes, me tiene sin cuidado.
—Entonces no se diga más, deséame suerte— dijo
antes de levantarse e ir con él.
Pasaron diez minutos y aún no llegaban con las
cosas así que me levanté para irme por Pau y salir de aquí, pero al dar la
vuelta los vi juntos regresando a mi dirección. Al parecer los dos ahora se
llevaban de maravilla.
— ¿Entonces cuándo puedes? — preguntó Ferdinand a
Pau.
—Tú pon fecha y con gusto salimos.
— ¿También irá la preciosa de ahí? — dijo
señalándome.
—Ya te dije que no…
—No, ella no nos acompañará— interrumpió mi amiga.
—Qué lástima, tenía ganas de disfrutar más tiempo
con ustedes dos, pero por lo visto tendré que estar sólo contigo Pauline—
molestó Ferdinand.
—Bueno, los dejo, mi padre me llamó hace un rato y
quiere verme con urgencia por lo del negocio, que disfruten con su tarde— mentí
y me levanté dispuesta a irme por un taxi.
—Te llevo a tu casa, yo también debo irme— invitó
Ferdinand.
—Gracias, pero la limusina me espera afuera— aunque
no era cierto, se supone que tendría que llamarla media hora antes, que tonta
soy.
—Mínimo déjame ayudarte a llevar todo esto al
auto, no creo que puedas sola— insistió.
— ¿No aceptas un no por respuesta cierto?
—Veo que nos estamos conociendo.
Cogimos las bolsas y nos encaminamos hacia el
estacionamiento <<Debí llamar a la limusina, ¿Qué hare ahora?>>
pensaba mientras nos acercábamos un poco más al estacionamiento.
—Listo preciosa ¿dónde está la limusina? —
preguntó a sabiendas de mi nerviosismo.
—Por lo visto no ha llegado, pero pediré un taxi—
solucioné.
—De ninguna manera, yo te llevo.
—No pienso subirme de nuevo a tu auto.
—Como quieras, entonces no te devuelvo tu ropa—
amenazó.
—No estoy jugando Ferdinand, dame mis cosas.
—Yo tampoco, tenemos tanto en común—bromeó—deberíamos
salir algún día.
—En tus sueños, ahora devuélveme mis cosas por
favor o tendré que hablarle a mi padre.
—No me importa, háblale a quien quieras, de todas
formas yo no te daré nada si no subes a mi auto.
—Un momento ¿Y Pauline? — pregunté, no me había
dado cuenta de su ausencia.
—Dijo que se quedaría a seguir comprando
ropa—respondió —así que esta vez no tienes salida.
—Está bien, llévame a la empresa de la excursión y
listo— acepté sin contratiempo, me urgía perderlo de vista.
—No creo que vivas ahí—bromeó—no a menos que seas
la veladora claro está y no creo que lo seas.
—No lo soy, eso es asqueroso—contesté mientras
fruncía el ceño.
— Entonces dime dónde vives o te llevo a mi
departamento— amenazó nuevamente.
—Llévame a la casa donde estoy viviendo— respondí
sorprendiéndome a mí misma.
—Está bien, ¿Dónde te estás quedando?
—En el Boulevard Haussmann— contesté esperando que
no se sorprendiera.
—Wow, vives con ricos ¿cierto?, con razón puedes
comprar esas marcas.
— ¿Claro? — titubeé—ahora ¿ya me llevas?
—Claro, ponte el cinturón porque no suelo conducir
muy lento.
Y en efecto, conducía como el infierno, tan rápido
que mi cabello se dispersaba por todos lados en la parte trasera del auto.
—Quita tu cabello de aquí.
—Si pudiera créeme que lo hago.
—Pues en ese caso—se inclinó hacia atrás para
tomar mi cabello en su mano y me ató una liguita haciéndome una coleta— listo,
mantén tu cabello fuera de mi cara.
—En primer lugar tú no eres nadie para tratarme
así y en segundo, no es que yo quiera, tal vez si manejaras más lento…—dije
rodando los ojos.
—Ya entendí, hemos llegado— se apresuró a salir y
a abrirme la puerta del otro lado.
—Vaya, hasta que eres cortés.
—Solo porque hoy me acompaña una chica
preciosa—musitó.
—No me digas así—reclamé.
—No me importa, me gusta más preciosa que Serene.
Nos despedimos dándonos dos besos <<en la
mejilla obviamente>> y caminé hacia mi casa.
Mi papá me debe estar esperando, ¿Qué le diré?, si
le digo que un extraño me llevó porque me vio así en la calle me matará, pero
si le digo que se me olvidó la salida peor aún, no me dejará comprar por el
resto de mi existencia. Debo pensar en una magnífica excusa.
—Buenas noches padre—saludé.
Ha llegado la hora de mi estrepitoso final y más
vale que sea fuerte para no ponerme a hacerles una escena como la de la última
vez.
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